YO NO HE SIDO
Pese a que ocasiones te cogen con las manos en la masa, en interior del alma del que es sorprendido surge una catarata de excusas como defensa a ultranza. Defiende su inocencia cargando la culpa al otro. “Yo no he sido”, es el lema que arrastramos desde el parvulario cuando señalamos con el dedo a otro.
Se ve que es una condición de la Naturaleza lo de la defensa numantina de la inocencia. ¿Miedo a la culpa? ¿Miedo a los que nos rodean y a sus consecuencias?
Hasta incluso con la evidencia de los hechos que hablan con claridad del fracaso, siempre se encuentran excusas y argumentos que, vistos con frialdad objetiva, dan risa si no fuera, a veces, el asunto tan serio.
Ahí tenemos dos ejemplos recientes. Las elecciones andaluzas y la dimisión heroica de la Sra. Oltra, hoy ciudadana desaforada.
La reciente debacle de la izquierda toda en las elecciones andaluzas da lugar a decir que no tiene proyección sobre el futuro del Gobierno nacional porque todavía falta un trecho temporal para que se den las elecciones.
Uno o una de sus altavoces, ha llegado a decir que el triunfo es del Gobierno, gracias al derrame gigantesco de fondos que se ha invertido en Andalucía. Esto es bueno. O sea, habéis ganado gracias a mí. Falta que el Sr. Moreno Bonilla lo acepte y llame al Sr. Sánchez para darle las gracias ¿No?
La dimisión, tardía y explosiva, de la Sra. Oltra que en el instante anterior a su marcha se marca un baile desenfrenado y de cuyos argumentos sorprende con una jerga procedimental amparada en su condición de abogada. ¿La culpa es de los jueces?
Se ha visto que algunos como el Sr. Baldoví se lanzan a una aseveración fuenteojevunesca en el sentido de “si la tocan a ella nos tocan a todas nosotras” (más o menos certera la reproducción que ofrezco, de la que destaco la feminización del conjunto de miembros de Compromís asumida por él). ¡Qué cosas!
¡Es una conspiración de los fascistas! Siempre están ahí para cumplir su rol de malos. Por lo menos sirven para algo, la institución judicial está llena de venganza y se proyecta sobre mí. Yo no he sido.