Los insultos, las descalificaciones y los cotilleos se han apoderado de gran parte del cerebro de demasiada gente. Está cloroformizada por el espectáculo insólito de ver como unos despellejan a otros sin recato.
No soy precisamente un sujeto apocado y dado a escandalizarme. ¿Entonces? Nada.
Parece que puede haber a modo de una especie de conspiración, engranada de forma involuntaria, para convertirnos en idiotas.
¿Lo somos? ¿Somos tan idiotas como parecen creer quienes nos gobiernan o quienes pretenden gobernarnos? Y en eso estamos. Lengua suelta e inútil.
«La lengua es un órgano móvil situado en el interior de la boca, impar, medio y simétrico» al decir de un diccionario específico y luego el autor de la definición la señala como: «.un músculo potente, tanto que llega ser el más poderoso de todo el cuerpo en relación tamaño/fuerza».
Sí. Es cierto. Su movilidad en muchos casos ha hecho que su capacidad de proyección la haga venenosa incluso para aquellos que la usan desmedidamente, cual es el caso de Dragó, alguien de moda hoy. Un salido al parecer No más pábulo y evitemos más promoción a su libro.
Uno más que cree que somos imbéciles. Otra, Cospedal, que dice que es ‘transparente’ porque dice lo que gana, lo que se lleva a casa. No es eso madame. Es el cuanto.
¿Qué pensarán los becarios que recogen la noticia de la transparencia? ¡Joder con la claridad! Convendría que todos nos diéramos cuenta que la facundia, la verborrea, no es lo mismo que la elocuencia.
Hace un par de sesiones, más o menos, los medios calentaron al personal de cara al encuentro Rubalcaba versus Soraya. ¿Y a mi qué?
¡Qué Soraya vocaliza bien mientras abre los ojos más y Rubalcaba se moldea en la suerte de sus pases manuales al tiempo de mirar al respetable! ¿Y a mi qué?
La lengua es larga y demasiado suelta. ¿Y de las pensiones qué? Buenos días.