Necesité que me lo repitieran hasta tres veces. No daba crédito a lo que estaba escuchando. No era posible en pleno siglo XXI, en la época de los whatsapps, los correos electrónicos, la tecnología digital y el envío telemático o mediante el DNI electrónico de documentos oficiales o declaraciones de la renta. Pero había ocurrido. Lo comprobé sin necesidad de pellizcarme, al repetir mi interlocutor telefónico las asombrosas palabras que había escuchado apenas unos segundos antes…
“Necesito que me envies UN FAX para poder autorizar la entrevista”
Así. Tal cual. Sin anestesia ni aviso previo. “¿UN FAX? Pero no vale un correo electrónico o las cuatro llamadas telefónicas que ya he hecho”. Y la respuesta del interlocutor reconoció la derrota…
“No, lo siento. Es lo que hay. Y así nos va…”
Y de un plumazo entendí por qué las obras de Fomento van tan lentas, porque la A-3 lleva un infierno de años convertida en una auténtica máquina de matar conductores, o de matar la paciencia de los conductores, o de ambas cosas, un laberinto de rallas blancas, amarillas, badenes y bordillos desvanecientes que convierten en una locura onírica la salida de Valencia. En un instante comprendí por qué el tren a Zaragoza es lo más parecido a viajar subido en el caparazón de una tortuga, o por qué el corredor unas veces es mediterráneo, otras central, quién sabe si algún día cantábrico o quizás transiberiano.
Porque, sí amigos, las asombrosas palabras de “necesito que me envíes un FAX” salieron del Ministerio de Fomento. Yo no las escuché directamente de boca de ninguno de sus portavoces, sino de un responsable de comunicación de otra empresa, dependiente de la Administración, con la que contacté para realizar un reportaje de fin de semana y que me dijo que necesitaban la autorización de Fomento. El reportaje es este cuya portada os adjunto y publicado este domingo en Las Provincias.
Ni que decir tiene que ni la empresa, dedicada al mantenimiento de carreteras, ni el Ministerio de Fomento, acabaron saliendo en el reportaje. Y eso que era un reportaje ‘blanco’, humano, sin asomo de crítica sino el simple hecho de destacar a aquellos que trabajan a diario para que la siniestralidad en las carreteras no aumente (justo lo contrario que muchas veces parece hacer Fomento, a las pruebas de la A-3 me remito…). Pero esa es otra historia…
No se quedaron fuera del reportaje por el hecho de que me pidieran un fax. Porque me lo pidieron y yo se lo mandé, obediente y cumplidor, a pesar de que me parece una pérdida de tiempo (supongo que lo que pretende el Ministerio de Fomento cuando alguien intenta hacer su trabajo, que es informar a la ciudadanía) y de dinero (en papel, tinta, tóner del fax/impresora…) Les mandé el fax, marcando el pertinente número en la modera impresora/fotocopiadora/scanner/¡¡FAX!! del periódico, temiendo que el cielo, o el suelo, se iba a abrir al mandarlo como si fuera a invocar a algún ancestro decimonónico. Mandé el fax al igual que hice previamente hasta cinco llamadas telefónicas, otras dos después de mandar el fax con la persona de contacto de Fomento en Valencia….para finalmente acabar recibiendo la respuesta de que tenía que MANDAR UN CORREO ELECTRÓNICO al responsable de prensa del Ministerio de Fomento.
Y me dije: HASTA AQUÍ. Y comprendí que lo del Ministerio de Fomento, como ocurre con el 75% de los gabinetes de prensa de administraciones centrales y consellerias (que me perdone el otro 25%, y ellos saben que el que vale, vale, y se lo reconozco con el agradecimiento en cada caso), consiste o bien en marear a los periodistas para quitarles las ganas de meter el dedo en la llaga, o bien directamente censurar. Eso sí, cuando se trata de vender su nota de prensa, entrevista al director general de turno o encargadillo de marras, ahí si que son serviciales, eficientes y hasta pesados. En Fomento han dado más de un ejemplo de esto. Compañeros de la materia me cuentan como se han dirigido en aluna ocasión al gabinete de prensa de Madrid para pedir una información, estudio, dossier o similar
O eso, o en Fomento tienen alergia a la tecnología. Lo cual también cobra bastante peso. No hay más que echar un vistazo a su Twitter. Es este.
Sólo hace falta fijarse en un dato. Su último tuit, que es este.
Tremendamente actual, de diciembre de 2011 y hace referencia a la entrega de la cartera ministerial por Pepiño Blanco a Ana Pastor. De antes de ayer, vaya. Igual es que en la cartera no iban las claves del twitter, sólo las del fax….