Será porque he mamado mucho lo de ser ‘hijo del cuerpo’, porque he vivido en mi casa y en mis carnes los desvelos porque una persona esté no sabes dónde a altas horas de la madrugada, trabajando por los demás, sin que tú tengas ni la más menor idea acerca de si le han dado un mal golpe, si ha acabado en un cuneta o si está sana y salvo. Será porque soy hijo de policía y sé lo mucho que se desviven los buenos policías por hacer más que bien su trabajo, que no es otro que el de velar por la seguridad y la vida de los demás. Por algo su patrono son los Ángeles Custodios, los uniformados ángeles de la guarda.
Quizás por todo esto que cuento me repatea y hace hervir la sangre aquello de “la policía es mala”, o el deleznable eslogan tan de moda antes (y demasiadas veces ahora) de “policía, asesina”. Porque, además de mis vivencias personales, la afirmación es taxativamente falsa. Habrá ovejas negras, casos condenables como algunas de las últimas palizas filmadas y protagonizadas por la Policía Nacional y sujetos con placa y uniforme que no debieran trabajar jamás como policías. Pero igual que entre los periodistas, políticos, carniceros y albañiles… Pero las pruebas del día a día, de los servicios policiales y de las historias de patrulla atestiguan sobradamente que la policía española es de todo menos mala. Una de las últimas pruebas se hizo famosa en las redes sociales, y en este blog quedó recogido.
El rescate de Billy no ha sido el único. Tras el post y el eco que el salvamento tuvo en internet, especialmente en Twitter, un policía nacional de Valencia se puso en contacto conmigo para presentarnos a otros dos ‘víctimas de cuatro patas’ que quizás hoy viven gracias a esa ‘policía mala’. El primero de ellos, este pequeño ejemplar de bulldog francés.
Apareció de madrugada por la avenida de los Naranjos de Valencia. La patrulla acudió al lugar por lo que los vecinos decían que eran “gritos de una mujer en la vía pública”. Pero no era tal mujer, sino el pequeño bulldog francés, “gritando y bastante nervioso”, como asegura el agente. Y esa que muchos consideran agresiva e inhumana policía, se puso manos a la obra con la ‘humanitaria’ labor.
“Hacía mucho frío y el pobre estaba muy asustado”, recuerda el policía. Los dos agentes no se lo pensaron: subieron al bulldog a su coche patrulla con el objetivo de dar vueltas en busca de su posible dueño o para encontrarle un hogar. Una patrulla de la Policía Local acudió al encuentro de sus compañeros con un lector de chips, pero el animal en cuestión no lo llevaba.
El bulldog parecía convertido ya en carne de perrera o refugio canino…hasta que las redes sociales obraron el milagro. Un retuit de la cuenta oficial de @policia de un mensaje enviado por los agentes, así como un comentario en Facebook, permitieron el final feliz: la dueña del animal, que ya lo buscaba, acabó dando con su peludo amigo.
Aunque menos aventurero, no menos simbólico es el otro rescate. En este caso, de ‘Orejotas’, como bautizamos un servidor y el policía a este chuchete para contar su historia.
En este caso, los dos mismos policías (¿podrían ser apodados ya como los ‘rescataperros’?) fueron requeridos por una mujer a la que ‘Orejotas’ perseguía extrañamente por la calle. Los policías de nuevo colocaron al can en el lugar que habitualmente ocupan los detenidos y se lanzaron a la búsqueda de su casa.
Esta vez fue mucho más sencillo. En su propio collar, ‘Orejotas’ llevaba escrita la dirección en la casa en que residía, con lo que fue muy sencillo su reencuentro con su dueño. “Fue muy bonito ver lo felices que se pusieron los dos”. Según el policía, al parecer se escapó tras el olor del celo de una perra. Si es que ya se sabe que tiran más dos… ¡ejem!
Fuera de chanzas: un post especialmente dedicado a los muchos memos que aún piensan que la policía es mala.