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Arturo Checa

Chips & Tuits

Twitter no es un bar

El detenido en Tavernes.

“Esto es como si detienen a todos los que cada día sueltan animaladas en la barra de un bar, porque Twitter es como un bar”. Eso es lo que me dijo el otro día un sabio compañero (esta vez creo que equivocado) durante un debate después de que detuvieran en Tavernes a Sergi B., el primer español arrestado en España por apología del asesinato a causa de sus animaladas en la red social (a la que se ha sumado otro detenido en Castellón y otro en Bellerguard), lanzadas con el cadáver de la política aún caliente. Mi compañero, y la mayoría de gente con la que he hablado o debatido en persona o por las redes sobre ese tema, coinciden en lo mismo: las detenciones por amenazas y barbaridades en Twitter son excesivas, una forma de coartar la libertad en la red. Y yo no puedo estar más en desacuerdo.

Primero porque Twitter no es un bar. Twitter no es ni siquiera la plaza de un pueblo lleno de paisanos. No es un escenario incardinable en la esfera más personal e íntima del individuo, allí donde si sitúan la libertad de pensamiento y opinión. Twitter es un arma de difusión masiva. Twitter es un medio de comunicación, quizás no en un mismo escalón que los medios de comunicación tradicionales, pero sí con una capacidad brutal de llegar a la gente. Y por ello, lo que en esa red se dice tiene un eco y una difusión que de alguna forma se debe acotar. Igual que se acota y se limita, con los derechos de otras personas como límite, lo que se hace en los medios de comunicación tradicionales, ni más, ni menos.

Uno de los tuits del detenido en Tavernes.

Twitter no es Jauja. Twitter no es un territorio sin ley, al margen de la legalidad y donde todo vale. Twitter es parte de la vida real, no un espacio virtual ajeno a las leyes, una especie de foro ideal y utópico en el que campa a sus anchas la libertad de expresión sin límite alguno. No. Hasta en la vida real tiene sus límites la libertad de expresión. Y lo dice alguien que vive a diario del ejercicio de la misma. Pero precisamente por eso hay que poner unas reglas y unas normas, si hace falta controladas por la ley. Para que ese maravilloso ejercicio siga teniendo sentido. Me voy a permitir un ejemplo llano y popular: es como si en un partido de fútbol no hubiera ni árbitro ni reglas. Que fuera el todo vale. Se acabaría el deporte y el espectáculo para pasar a la guerra, el triunfo de los excesos, las trampas y los abusos.

Hay quien dice que a Twitter se le está dando una relevancia que no tiene, que a los tertulianos del Bar Raimundo les importa o afecta tan poco lo que se dice en esta red social, como poco les puede importar a los tuiteros o al resto de la civilización lo que dicen en ese Bar Raimundo sus parroquianos habituales. Cierto. Quizás estemos ‘twiterizando’ la vida real, dándole demasiada importancia a un chisme cuya burbuja puede que algún día acabe explotando como lo hizo en su día el falso paraíso inmobiliario. Pero eso no sirve para negar la mayor: lo que en Twitter se dice hay que regularlo y castigarlo si procede. Igual que a Don Ramón lo detendrían si amenazara de muerte a Don Basilio en el Bar Raimundo. Pues lo mismo si @DonRamon amenaza de muerte a @DonBasilio donde ustedes ya saben. El escenario es lo de menos si se comete un delito. Sigue siendo un delito.

Tuit del detenido en Bellreguard.

Y no entiendo a los que se rasgan las vestiduras por las intenciones del Gobierno de regular de alguna manera todo esto. Lo entiendo tan poco como cuando los gobiernos apuestan por instalar cámaras en la vía pública con motivos de seguridad ciudadana, detectar delitos e identificar a autores de los mismos. Y les cae encima una andanada de críticas por querer invadir la intimidad de las personas y su privacidad. Por mí como si ponen una cámara en cada esquina. Aunque ello suponga que me filmen sacándome un moco o pegándole un pico a mi chica. Sólo el que tiene algo que ocultar o que esconder de cara a la ley puede temer estas medidas.

Eso sí: sí que entiendo a los que manifiestan su temor de que el Gobierno acabe utilizando estas intenciones de regular lo que se dice en Twitter para ir más allá, para instaurar una especie de ‘ley mordaza’ en la red. Ese peligro existe. Pero para eso estamos los periodistas y los medios de comunicación. Para controlar al controlador y denunciar sus excesos. Pero salirse por la tangente y apoyar la no regulación de un medio de comunicación en el que los excesos campan cada día a sus anchas es tan descabellado como que no exista un ordenamiento jurídico que persiga las injurias o calumnias, u otros delitos, que puedan producirse en la prensa tradicional.

Otro tuit 'simpático'...

Un último comentario: a todos los que consideran una barbaridad las detenciones y regulación. Imaginen que les matan a un familiar. Imaginen que a ese terrible dolor se suma una panda de cavernícolas que se dedica a hacer chanza, elogio, chistes y hasta canciones del asesinato y de los detalles de la muerte. ¿No querrían una respuestas por parte de la Justicia? ¿En nombre de que libertad se pueden permitir esas atrocidades?

 

 

 

 

Por Arturo Checa

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