Los problemas de visión empezaron a ser rutina. Era imposible achacarlo al estrés, ese socorrido invento moderno al que poder echarle la culpa. Las visiones borrosas llegaron en verano, en plenas vacaciones. Los días de duda se resolvieron con un diagnóstico certero: tumor cerebral. Aquel cuarentón, que de traje y corbata era un pincel, se puso en manos de la sanidad […]
Periodista. Me enseñaron en comarcas, aprendí en política y me trastorné en deportes. No pretendo caer bien. Si no has aparecido en este blog, no eres nadie.