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En el tablero de las primarias del PSPV hay trampa. Las cartas están marcadas antes de empezar la partida. El líder de los socialistas valencianos, Ximo Puig, fue nombrado diputado de Les Corts en 1983. Treinta años mamando de la teta pública. Con la experiencia de que la mejor tortura para el adversario es la invisibilidad. Por eso, el aparato de Blanquerías está a su servicio. Trabaja para él. Con pit bulls como José Manuel Orengo y Alfred Boix, dos comisarios políticos con un nexo común: vivir de la política a imagen y semejanza del amo.
Las libertades en el PSPV son mentira. La igualdad de oportunidades, una falacia. La democracia interna, la mayor de las estafas. Puig se presentó en Madrid esta semana pasada como la alternativa al Gobierno del PP. El actual diputado nacional engatusó a un auditorio convencido con un modelo pactista y alejado del diabólico tripartito. Una hoja de ruta insostenible. Puig, que puede ser presidente de la Generalitat con los peores resultados de la historia para el PSPV, sólo puede gobernar con Compromís y Esquerra Unida. No tiene otra posibilidad.
Los Pactos de la Generalitat de Puig son humo. Nadie puede garantizar una estabilidad cuando practica el juego sucio en su propio partido. El aparato de Blanquerías exprime, ahoga, invisibiliza. La pretemporada de las primarias está manchada.
Hace unos días, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat dio la razón al Ayuntamiento de Faura y suspendió la cesión de las carreteras de la Generalitat a los ayuntamientos. Una victoria de un Consistorio socialista, de un alcalde socialista, del Partido Socialista.
Desde Blanquerías, el aparato remitió una nota de prensa para celebrar el auto del TSJ. El secretario de Pequeños Municipios y Comarcas del PSPV, Josep Gisbert, destacó al dictado de Blanquerías la hazaña, arremetió contra el Consell y omitió el nombre del Ayuntamiento y del alcalde que hizo hincar la rodilla al PP por la vía judicial. ¿Por qué se ocultó el pueblo y el nombre del alcalde? ¿Tanto miedo da?
Ese alcalde no es otro que Toni Gaspar. Un tipo que cursaba la EGB cuando Puig ya gozaba de nómina pública y que ha cometido la osadía de querer ser candidato del PSPV a la Generalitat. Anunció que se presentará a las primarias. Su insolencia ha sido pagada con la invisibilidad, con el ninguneo, con el silencio en una nota de prensa. A Gaspar ya lo guillotinaron en la Diputación a las primeras de cambio después de que Puig ganará el congreso de Alicante a cambio de cargos y sueldos públicos. Le sustituyó Orengo, que es de la familia. La rebeldía del aspirante socialista se medirá con sangre. Francesc Romeu también quiere concursar pero con este no hay problema. Con unas papas y un refresco se arregla.
La anécdota de Gaspar no es la única. El pasado 29 de noviembre, día del fundido a negro de Canal 9, en la autopsia final de aquella mesa del plató de informativos (una imagen que demostró que RTVV nació, vivió y murió al servicio de los políticos) dos enfants terribles como Juan Soto y Josep Moreno se colaron en la pantalla. Dos ‘anarquistas autodidactas’ a los que no domina Blanquerías. A Soto lo han expedientado con 300 euros por votar en Les Corts a favor de la República. A Moreno le pegaron una patada en el culo para subirlo a la cuarta fila del hemiciclo con el fin de anestesiarlo. El problema es que la muerte de Canal 9 ha resucitado a un diputado que ha dejado en evidencia a primeros espadas con un verbo afilado y con una capacidad de reacción (mítica su sudadera de Paco Telefunken) que no está al alcance de gaznápiros.
Por eso, el aparato de Blanquerías colocó como contrapeso en aquella mesa de cinco periodistas y siete políticos a un tal Miguel Soler, un señor capaz de cobrar durante un año una nómina pública de Les Corts Valencianes sin ir ni un solo día a trabajar. La función de Soler era la de controlar al dúo Moreno-Soto más allás de llorar el cierre de RTVV. Vigilar y dar parte al aparato. El notario necesario.
Es complicado creer en la libertad de un partido que mantiene amenazado a muchos militantes díscolos bajo la espada de la expulsión. En una formación que impone doctrina de agrupación en agrupación. En un PSPV que se desangra por la femoral de la afiliación. Blanquerías practica el juego sucio.