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Héctor Esteban

El francotirador

Una Justicia lenta, déspota y anticiudadana

La Justicia es lenta. Una tara que el ciudadano asume con desgana aunque como mal menor. La Justicia en ocasiones también es déspota, prepotente e inhumana.

Esta historia que les voy a contar no es ficción. Es tan real que alimenta la desafección ante lo público e inunda el ateísmo de los ciudadanos hacia algo tan necesario como es la Ley, o mejor dicho, al encargado de aplicarlael (algún) juez.

La semana pasada, el abogado valenciano Manuel Mata, conocido por representar a un buen número de afectados por el caso de la Hepatitis C de Maeso y por plantar cara a un gigante multinacional como Baxter por el caso de los dializadores (fue archivado), cogió un tren AVE rumbo a Sevilla para asistir a la lectura de las conclusiones de un juicio.

Mata representa a un señor de Málaga que inició un pleito en 2008 porque defiende que en un hospital de su ciudad le contagiaron la Hepatitis C. La demanda va contra la consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía. El letrado valenciano, curtido en mil batallas, cogió sus bártulos de abogado, sus gafas Ray-Ban de pasta y su inseparable paquete de ‘Chester’, y puso rumbo hacia el juzgado de lo contencioso administrativo número 10 de Sevilla. En el vagón se encontró con un tal Rafa, expreso y aficionado a la guitarra.

 

El abogado valenciano y exdiputado del PSPV tenía apuntada la cita en Sevilla desde hace más de un año y medio. El magistrado Luis Alfredo de Diego Díez fijó el 12 de mayo de 2012 que la lectura de las conclusiones (paso previo para la sentencia) sería el 21 de enero de 2014 a las 12:20 horas. Es decir, señaló la fecha hace veinte meses. Mata, el abogado de la aseguradora y el resto de los afectados se presentaron allí, en el juzgado número 10 de Sevilla, para cumplir con su obligación.

Cuando llegó a la capital andaluza (después de cuatro horas en el AVE y una carrera contrarreloj en taxi) su procurador le comunició que la vista quedaba suspendida. Nada raro en la Justicia… hasta que se supo la causa: el juez esgrimió que no la tenía apuntada en la agenda. ¡Toma ya! El funcionario que tenía que fijar la vista en la “agenda virtual” del señor magistrado Luis Alfredo de Diego Díez se le olvidó apuntarla. ¡Con un par!

 

Los intentos para que su señoría rectificara fueron en vano. Se lo pidieron por activa y por pasiva. Que era una cuestión de cinco minutos. Cuando él quisiera… pero ese día. Incluso le comunicaron que se esperaban a que terminara con el resto de casos. Mata viajó desde Valencia; el abogado de la aseguradora, desde Madrid… Pero nones. El magistrado De Diego Díez dijo que no, que no tenía apuntado en la agenda aquello que él mismo fijó y que se volverían a ver… ¡el 9 de diciembre de 2014! Un año, casi un año de retraso por un error del magistrado, del funcionario o de la madre que parió a la Justicia.

Encima, el señor juez firmó una providencia en la que da fe del error de agenda e invitó a protestar a las partes mediante un recurso de reposición previo pago de 25 euros. Las modernas tasas cinceladas con el animo de “protesta, pero primero paga”. ¡Olé!

 

El olvido de un juez, el de un funcionario convierte a la Justicia en déspota. Por encima del bien y del mal cuando son ellos lo que deben decidir entre esos dos polos opuestos. Una Justicia lejana al ciudadano, elitista, caprichosa, alimentada de un papeleo innecesario con toga de seda, inhumana.

¿Quién se acuerda del cliente? De ese que pleitea con el dinero de su bolsillo por algo que considera justo. De ese afectado que lleva cinco años luchando y que por un olvido ve como su caso se alarga otro año más. ¿Quién se acuerda de la defensa? Pagada en este caso con dinero público.

¿Y quién paga el gasto de los abogados? El cliente, y si hay suerte, la Junta de Andalucía porque a su funcionario se le olvidó anotar la vista en la agenda virtual y el juez no quiso enmendar en cinco minutos un error que costará más dinero a las arcas públicas.

Casos como estos, espero que aislados (o no tanto), es lo que hace que la gente deje de creer en la Justicia.

¡Maldita burocracia!

P. D. No es bueno generalizar pero casos como este hacen daño a uno de los derechos ciudadanos fundamentales.

Por Héctor Esteban

Sobre el autor

Periodista. Me enseñaron en comarcas, aprendí en política y me trastorné en deportes. No pretendo caer bien. Si no has aparecido en este blog, no eres nadie.


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