¿Se merecen los niños una bofetada? | El síndrome de Darrin - Blogs lasprovincias.es

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Mikel Labastida

El síndrome de Darrin

¿Se merecen los niños una bofetada?

“Cuando el sol caía, se acordaban de dormir”

Rhys

 

 

¿Se merece este niño una bofetada? ¿Estaría justificada con algún motivo dársela? Supongo que así planteado su respuesta será negativa. De ninguna manera, dirán. Veamos ahora. Pongamos que el niño lleva todo el día llorando, quejándose, comportándose de manera grosera y molestando a los demás, y, en un momento dado, amenaza con un bate de beisbol a otros chavales. ¿Entendería entonces que se le propinase un sopapo? Quizá su postura haya cambiado ahora. O tal vez no. Añadamos una nueva cuestión para el debate. ¿Sería legítimo o visto de igual manera si el que reprende al niño es otro adulto que está con él y no uno de sus progenitores?

 

Hace unos meses un político italiano, Giovanni Colasante, fue detenido en Estocolmo por dar una torta a su hijo de doce años. El pequeño tomó una rabieta en mitad de la calle y el padre decidió zanjarlo con una bofetada, algo que en Suecia está penado y considerado delito grave. No hay que irse hasta el país escandinavo para encontrar casos similares. En Valencia una joven pasó cerca de dos años sin ver a su hija después de ser denunciada por malos tratos tras haberle sacudido ‘dos cachetes’.

Atrás quedó aquello de “un buen sopapo dado a tiempo”. ¿Hemos avanzado demasiado o justo lo suficiente? He ahí la cuestión. Este debate lo recuperó Christos Tsiolkas el año pasado con su libro ‘La bofetada‘, editado en España por RBA, en el que plantea esta escena en medio de una barbacoa que comparten un grupo de amigos en torno a los 40 años, con posiciones más o menos acomodadas y mentalidad aparentemente abierta.

La televisión australiana puso rostro a estos personajes en ‘The slap‘, una recomendable serie que recoge esta historia a través de ocho capítulos. La ficción es australiana. Ni inglesa, ni americana, remarco. Hay vida más allá. Y bien construida e interpretada.

 

 

El punto de partida y asunto recurrente de la serie es la bofetada. Pero la trama va más allá. En esta ficción todo el mundo recibe sopapos. El niño, el resto de protagonistas, los espectadores. La bofetada del título servirá para sacudir a todo el grupo. Para abrir sus heridas. Para destapar que sus existencias no son tan perfectas como se nos sugiere al verlos en un principio. Ahí es cuando se pone interesante. Y lo es más gracias al recurso de dedicar cada capítulo a un personaje diferente, en el que se muestra su punto de vista de los acontecimientos, además de los problemas que esconde cada uno de ellos.

Hay un momento en la vida en que parece que todo está resuelto. Estás cerca de los 40, simulas que sabes lo que quieres, planeas cómo vas a ir consiguiéndolo y te muestras satisfecho con tu estabilidad personal. Dicen que eso es la madurez. Ya no te carcomen las dudas y complejos de la adolescencia y se supone que has templado el ansia y la inconsciencia de los veintitantos. Has sufrido, has disfrutado, has aprendido. En teoría. De pronto sucede algo, que hace que todo ese esquema se desbarate. Y la realidad deja de parecerse a la teoría.

 

 

Héctor, el protagonista de ‘The slap‘, supuestamente cuenta con todo para ser feliz. Acaba de cumplir 40 años, goza de un buen físico, de un trabajo seguro que le gusta y de una familia a la que quiere. Pero aún así está insatisfecho y contiene sus deseos. Harry representa al perfecto triunfador, al modelo de hombre que muchos envidiarían, por su posición social, por su soberbia casa, por su guapa esposa. Pero es un cobarde, capaz de amargar a quien hace tambalear su vida de cristal. Anouk conserva una apariencia envidiable, es independiente y liga con muchachos jóvenes. Pero le atormenta que las decisiones que ha tomado no hayan sido las adecuadas. Rosie ha tratado de educar a su hijo sin el peso de las convenciones sociales, lo ha resguardado de los prejuicios y de las ideas preconcebidas, pero en el camino lo ha sobreprotegido y ha descuidado su matrimonio.

Y así podríamos seguir con este retrato de burgueses triunfadores que cuando se desnudan dejan ver el verdadero color de su piel. Cuando ya no hay ropas de marca ni maquillaje con el que ocultarse. Entonces se exponen a una bofetada.

Los protagonistas de esta ficción son como ustedes. O como lo serán dentro de diez años. O como lo fueron hace diez.

The slap’ me recuerda a la mítica ‘Treinta y tantos’ y me gusta tanto como la película ‘En la ciudad’, de Cesc Gay. Y es estupenda para recuperar ahora, teniendo en cuenta el escaso atractivo de las nuevas propuestas que la televisión americana nos ha ofrecido en este comienzo de temporada.

 

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Sobre el autor

Crecí con 'Un, dos, tres', 'La bola de cristal' y 'Si lo sé no vengo'. Jugaba con la enciclopedia a 'El tiempo es oro' imitando al dedo de Janine. Confieso que yo también dije alguna vez a mi reloj: "Kitt, te necesito". Se repiten en mi cabeza los números 4, 8, 15, 16, 23, 42. Tomo copas en el Bada Bing. Trafico con marihuana en Agrestic y con cristal azul en Albuquerque. Veo desde la ventana a mi vecino desnudo. El asesino del hielo se me aparece en cada esquina y no me importaría que terminase con mi vida para dar con mis huesos en la funeraria Fisher.


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