Pero ¿por qué aplicamos diferentes criterios cuando hablamos en general de los demás de cuando hablo de mi mismo? ¿Es que no somos coherentes o fiables? ¿O es que sencillamente el ser humano es así? Hace mucho tiempo que estando en un Workshop de Psicología Económica en Linz (Austria) estuvimos trabajando un fenómeno denominado NIMBY y que me llamó mucho la atención por su tremenda aplicabilidad. Analizábamos la situación de la toma de decisiones de la ubicación de centros de distribución de metadona en las ciudades. Un tema concreto, el de dónde poner los centros, que parece algo irrelevante, pero que en el fondo no lo es. Pues, de hecho, es difícil encontrar un centro de este estilo cerca del hogar de alguno de los que han tomado la decisión de su ubicación, concretamente se analizaba a los políticos. Es decir, apoyo que se lance esa iniciativa y que se abra un centro nuevo, pero siempre lejos de mi casa o residencia. Esta especie de diferenciación entre lo que es el espacio público y privado se puede llevar a muchos de nuestros comportamientos. Por ejemplo, ¿piensa usted que es necesaria la energía nuclear para nuestros suministros? ¿Estaría dispuesto a que le pusieran la central cerca de su casa? O también, podría ser, ¿cree usted que las cárceles son necesarias para la sociedad? ¿Qué tal una cerca de su casa? Podemos encontrar cientos de estos ejemplos donde la virtud pública lucha con las decisiones privadas y en muchos de los casos genera una doble moral. Sencillamente humanos y contradictorios. Pero también es verdad que debemos quizás comenzar a cambiar esos razonamientos que hacemos para pensar del tipo ¿qué pasaría si esto me pasara a mi? Tal es el caso del apoyo a muchas asociaciones solidarias y ONG´s donde ante nuestra creencia en una sociedad mejor nos lleva a apoyar “de algún modo” las diferentes causas. Quizás este es el problema con que tropiezan estas organizaciones, que aunque “todo el mundo” tiene una relativa sensibilidad por estas causas sólo unos cuantos toman medidas en coherencia con sus creencias. Y cuanto más cerca lo sientes más te mueves. La distancia personal al tema concreto, además de la implicación o compromiso, son dos elementos claves para analizar esta coherencia entre lo social y personal.
Pero ¿qué fenómeno es este del NIMBY? Se llama así por el acrónimo de Not In My BackYard, expresión anglosajona que se refiere a que no lo pondrías en tu patio trasero de casa. No deja de ser un tema capital dentro del estudio del comportamiento económico y que de nuevo me sugiere comparaciones de este estilo: “Los recursos humanos son el activo más importante de la empresa”. Cuantas veces hemos oído esto con un gran escepticismo, sabiendo que las palabras en estos casos no dejan de ser malabares públicos de otros comportamientos privados. De hecho el comportamiento organizativo ha estudiado con profundidad este tipo de situaciones que tienen que ver con la distancia que existe entre nuestros valores y creencias con nuestros comportamientos. Por eso, si somos capaces de acortar dicha distancia y conseguir que esta cadena “valores-creencias-actitudes-intenciones-comportamientos” sea lo más coherente y fiable en el tiempo, habremos logrado algo realmente importante. No deja de ser la contradicción un comportamiento humano, pero nuestro objetivo es mejorar como personas y profesionales en la fiabilidad y ajuste de nuestros valores con nuestros comportamientos. Y aquí tenemos un gran reto diario. Ya lo decía William Shakespeare “ningún legado es tan rico como la honestidad”.
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