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Empleo y talento

¡Productividad y alta presión! Una fórmula peligrosa…

Ni que cabe decir que las empresas necesitan ser cada vez más competitivas en el mercado para poder afrontar la inestabilidad, el cambio y la competencias cada vez más global. Hasta este punto estamos todos de acuerdo. Quizás la pregunta es ¿cuál es la solución que aporta mi empresa a esa necesidad? Pues si lo hacemos estratégicamente por posicionamientos de nicho o diferenciación podremos trabajar con fórmulas de implementación diferentes a las que a lo mejor se plantea una empresa que necesita sencillamente reducir costes por unidad para ser más competitivos. Sin embargo, parece que sólo haya una manera de competir y es reducir costes sin  pensar en la calidad, la innovación o la diferenciación que pueden ser fórmulas no solo viables sino en muchos casos recomendadas. Internacionalizar ha sido una de las estrategias más afortunadas para las empresa que han encontrado con alivio nuevos mercados, a pesar de los costes de inexperiencia o de entrada en estos mercados.

Pero una vez planteada la primera reflexión sobre competitividad y estrategia, la reflexión que me gustaría compartir es ¿por qué las empresas, en general, han adoptado estrategias de reducción de costes en estrategias típicas de liderazgo en costes? ¿Obedece a su estrategia real? Pues si no es el caso los efectos perniciosos en el medio y largo plazo pueden ser letales. Y consecuente con esta pregunta es ¿por qué se utiliza la presión excesiva como método de obtener más productividad cuando hay otras fórmulas en gestión del talento y dirección de personas? El manejo de la presión es realmente delicado, pues una combinación de excesiva presión con control de salarios para gestionar productividad puede perfectamente conseguir todo lo contrario, es decir, un número enorme de errores diarios, falta de sinergia y pérdida de implicación del trabajador.

No puedo dejar de acabar esta reflexión en este sentido pues en mi contacto diario con muchos profesionales los veo no sólo estresados sino ineficaces e improductivos, y eso me llama la atención pues muchos de ellos son, desde mi percepción claro, profesionales de alto rendimiento. ¿Qué estamos haciendo que incluso los buenos trabajadores los estamos agotando y minorizando en rendimiento cuando buscamos todo lo opuesto? La tensión y la presión laboral es una estrategia algo complicada cuando no se sabe manejar, pues niveles intermedios (hay que definir bien en cada empresa, sector y mercado qué es intermedio claro) son óptimos en rendimiento, pero niveles medio-altos o altos pueden paralizar precisamente lo que más buscamos: productividad, creatividad, innovación, sinergias y un sinfín más de beneficios organizativos.

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por Roberto Luna

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