Los hijos de los 80 somos muy conscientes de que la merienda era una parte fundamental del día a día. Una comida que culminaba la jornada escolar y que en la inmensa mayoría de los casos se componía de un bocadillo. Nada de snacks o bollería industrial. A medida que nos hacemos mayores, mucha gente tiene la tendencia de olvidarse de esta comida o de sustituirla por un socorrido café cortado para aligerar la jornada laboral. Conozco decenas de personas que, directamente, no meriendan, lo que supone un grave error.
Hace un tiempo ya abordamos la importancia del desayuno como eje vertebrador de una vida sana, pero no menos importante es merendar bien dentro de una salud alimentaria correcta. Merendar es necesario y positivo para todo el mundo: si quieres adelgazar, si llevas una vida sedentaria, si eres deportista o, incluso, si quieres aumentar de peso. Desde luego, en la infancia, la adolescencia y la vejez es fundamental merendar.
Por partes. Para llevar una dieta correcta debes comer, al menos, cinco veces al día o, lo que es lo mismo, no dejar al cuerpo más de cuatro horas sin ingerir alimentos. Hay gente que cree, erróneamente, que prescindir de una comida le va a ayudar a adelgazar, cuando es justamente lo contrario.
Si comemos de forma equilibrada cinco veces al día vamos a conseguir que nuestro metabolismo se acelere. El metabolismo, para que lo entiendas, es la cantidad de energía que necesita tu cuerpo para vivir, aunque no estés haciendo nada. Respirar, por ejemplo, precisa de energía y si tienes un metabolismo más activo, aunque sea sentado, quemarás más energía que con un metabolismo lento.
De ahí que merendar sea una clave para que, poco a poco, el metabolismo se vaya haciendo más rápido. La merienda, según los nutricionistas, debe suponer un 10% del consumo total de calorías del día (para que te hagas una idea, el desayuno ronda el 25%). Con ello no sólo eliminas la sensación de hambre, sino que eliminas esa molesta sensación de estómago vacío de cara a la cena, que es la comida del día que más debes vigilar y, gracias a la merienda, evitarás atracones.
A nivel psicológico nos puede ayudar a romper con la jornada laboral y aportar nuevos niveles de glucógeno al cuerpo, esenciales para el rendimiento. Pero ojo, es también uno de los momentos en que la gente más tiende a equivocarse a la hora de elegir qué ingerir. Nada de visitar la máquina de la oficina.
Una buena merienda, según la propia OMS, debe estar compuesta de una pieza de fruta, lácteos, frutos secos y algo de cereal. Hay miles de ideas. La ideal es que un buen nutricionista o endocrino te asesore ya que adaptarás las meriendas a tus horarios y a tus necesidades. No es lo mismo si haces deporte a primera hora del día que si vas a machacarte dos horas después del trabajo o si no realizas ningún tipo de actividad deportiva.
Obvia por completo las grasas saturadas y los azúcares refinados de esta hora. Además, todo lo que implica la merienda te lo puedes llevar sin ningún problema al trabajo y no te quita más de 5 minutos de tiempo. Apuesta, además, por variar lo que comes para no aburrirte y no acostumbrar al cuerpo. Verás que en poco tiempo notas los resultados. Si desayunas, almuerzas, comes, meriendas y cenas correctamente en seguida te vas a acostumbrar y vas a ver el cambio.
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