Una de las tareas más sosas en la radio es recordar el santoral pero los oyentes agradecen la información útil para felicitar a sus allegados. Hace unos meses, sin embargo, escuché a un colaborador intentar lucirse con el santo del día: San Juan de Ribera.
El periodista hizo algo novedoso para mí: ideologizar el santoral. Vale que la mezcla de información y opinión es muy común en el periodismo de hoy; vale que la forma de contar una noticia ya indica una interpretación, pero usar el santoral para introducir ideología es cogérsela con papel de fumar. ¿Qué será lo siguiente? ¿Editorializar con las esquelas?
El chaval describió al santo como un inquisidor iletrado y facha. Es la consecuencia de sustituir el conocimiento por la ideología. Que la realidad se resiente.
Por una vez, me alegré de que el programa fuera nacional. Si llega a estar hecho en Valencia, mi corazoncito no lo hubiera soportado. Sin embargo, me pregunté si los valencianos conocemos la figura de san Juan de Ribera.
Por eso me alegro de que 2011 vaya a ser el año que la Generalitat le dedicará con motivo del 400 aniversario de su muerte. Y no deja de ser curiosa la coincidencia de ese anuncio con la polémica en torno a los honores militares al Corpus en España.
He de admitir que nunca me ha gustado escuchar el himno nacional durante la consagración. Entiendo el honor pero prefiero el silencio; solo el hombre ante el milagro de que Dios se haga presente. Ahora bien, por mucho que se intente hacer del Ejército un espacio ‘libre de religiones’, es difícil y yo diría que poco recomendable ‘extirpar’ el sentimiento religioso.
No apelo a la tradición, aunque podría y eso es lo que ha asustado a Barreda y a Chacón en Toledo, tanto como para admitir la excepción. Mi defensa tiene que ver con el horizonte de la muerte en la vida militar y la muerte por un ideal alto: dar la vida por otros. En ese contexto, la fe adquiere un sentido especial. Prueba de ello es la excepción de los funerales que la propia ley admite.