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María José Pou

iPou 3.0

Sin título en el Peset

Nunca he entendido por qué los médicos acostumbran a exponer los títulos y la orla en la consulta. Supongo que será algún trauma infantil lo mío desde que me ‘destetaron’ consultoriamente hablando. Me refiero al cambio del pediatra al médico de cabecera. En la pediatra había pósters de nenes monísimos y en el dentista infantil, dibus y personajes de la tele. Aquello era vida. Llegabas a la sala de espera y era todo un festival.

Sin embargo, de ese entorno lleno de pitufos y picapiedras pasé a la clásica consulta de las de antes con muebles funcionales y títulos en las paredes. Y yo, que veo una letra detrás de otra y me pongo a leer irrefrenablemente, aunque sea un Stop, lo leía todo. También los títulos.

Será porque lo encontraba entretenido, porque las revistas no me hacen gracia o porque me divertía comprobar lo mucho que había envejecido el doctor y las gafas de pasta tan horribles que gastaba en la carrera. No lo sé, el caso es que me conozco todos los seminarios y cursos de especialización de mis doctores. Hasta los hechos en Cancún en el mes de agosto.

Ahora bien, desde que he conocido el caso de la médica falsa que ha estado en Urgencias del Peset he respondido a esa duda eterna que tenía guardada desde tiempo inmemorial. Ya sé por qué ponen sus títulos. Para que no haya ninguna duda acerca de sus conocimientos reglamentados. Aunque su tino al curarte ya disipe cualquier incertidumbre.

Tanto es así que a partir de ahora no solo apreciaré que tengan empapeladas las paredes con los títulos sino que miraré la fecha, la universidad, el número de registro y si me apuran la firma del rey para saber si es verdad o un espejismo.

Iré más lejos aún. Nunca me gustó el papel pintado (son cosas de una infancia en los setenta de paredes sicodélicas al estilo ‘Cuéntame’) pero voy a empapelar mi casa con mi foto del periódico. Para que no haya dudas cuando me diga ‘columnista’ por ahí.

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Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.