3500 euros al día. Eso puede llegar a ganar si se decide a aceptar una oferta de trabajo actualmente vigente. No es en Dubai ni es un engaño. Es en Japón, eso sí. Y las consecuencias son literalmente mortales. Se trata de Fukushima y la central nuclear que estalló hace casi un mes.
Esa es la oferta que ha hecho la empresa Tepco con el fin de conseguir trabajadores dispuestos a meterse en la ratonera nuclear. No es fácil, pues quienes están allí ha sufrido ya mutaciones genéticas derivadas de la radiación de modo que supone exponerse a una disminución considerable de la vida, la salud o las condiciones físicas. Y eso, al parecer, vale 3500 euros al día. ¿Vale eso la vida de una persona?
Resulta preocupante lo que ocurre en la central, sin duda, pero más todavía que nos parezca a todos normal que un grupo de trabajadores sepan de antemano que morirán por efecto de la radiación. Y que aún permitamos que sean más los contratados.
La única reacción razonable al respecto ha venido de algún país, como Francia, dispuesto a colaborar con robots para evitar a los trabajadores la exposición a tan grave peligro.
Mientras eso ocurre, se nos llena la boca en Occidente con la reivindicación de una seguridad e higiene en el trabajo que no termina de llegar. Sin duda hay que seguir exigiendo condiciones seguras de trabajo y el cumplimiento de la legislación pero también para los “héroes” de Japón.
Parece que al haber tildado de “héroes” a los empleados que están allí sobre el terreno intentando parar la catástrofe aun a costa de su propia vida o de las de sus hijos –los que puedan tener en el futuro-, ya nos hemos quitado la culpa de saber lo que ocurrirá y permitir que ocurra.
Estamos tan pendientes de que eso no nos llegue a los demás, que decimos aquello de “más vale que muera un hombre por un pueblo”. ¿La vida no vale siempre lo mismo? Al parecer, la de estos pobres trabajadores, no.