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María José Pou

iPou 3.0

Remember Vogue

Hay figuras políticas que pasan sin pena ni gloria y cuando se van de la primera fila nadie las echa en falta. Pienso, por ejemplo, en Juan Carlos Aparicio ¿quién lo recuerda? Solo doy una pista, fue ministro con Aznar *.

Sin embargo, hay otros que dejan tal vacío cuando desaparecen de los telediarios, de las ruedas de prensa y de los titulares ocurrentes con que nos obsequian, que no se puede llenar. Eso es lo que vengo pensando desde hace tiempo con una que fue grande, tanto que solo le faltó el título nobiliario para serlo de España. No me refiero a Magdalena Álvarez, vive Dios, ni a Cristina Narbona que tanto nos hizo padecer por aquí sino a la Dama de Beneixida, la super vicepresidenta: Mª Teresa Fernández de la Vega.

Entre que ella no está y que su lugar lo ha ocupado, okupado, tragado, fagocitado y hasta regurgitado Alfredo P. parece que la vida política se ha vuelto más gris. Hemos cambiado el estilismo de la siempre vogue Vega al traje azul y barba de cañones recortados Rubalcaba. Una pérdida.

Lo pensaba ayer viendo la inauguración de la base de la ONU en Quart de Poblet. Siempre imaginé, cuando ella vino a darnos la buena nueva y firmó el protocolo con Ban Ki-moon, que sería la vice de rancio padrón y más rancio abolengo quien protagonizara el acto inicial junto al Príncipe.

Por eso la eché de menos. ¿Qué fue de ella? ¿Cómo le va? ¿A qué dedica el tiempo libre? Ella, que fue la Santa Rita, la patrona de los imposibles del Gobierno Zapatero, tragando sapos y culebras del populacho porque ZP la mandó de corresponsal a todos “sus marrones”, ahora yace en el olvido colectivo.

Pues quiero reivindicarla. Los columnistas vivíamos mejor contra Vogue. Los de ahora están tan “reprimíos”, para no quitar plano a Alfredo, que están a punto de adelantar al Consell en perfil bajo. ¡Ahí es ná!

*Actualización: En la columna publicada en prensa he cometido un error de documentación que ha sido eliminado en ésta. Pido disculpas.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.