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María José Pou

iPou 3.0

El tesoro

Solo hay que darle una pátina especial a un objeto para que éste despierte nuestro interés de forma sorprendente. Pienso, sobre todo, en las monedas que acaban de llegarnos del buque hundido “Nuestra Señora de las Mercedes”. ¿Cuántas veces habremos visitado museos y habremos hecho caso omiso de las monedas expuestas?

Es cierto que muchas de ellas ocupan vitrinas junto a documentos que muestran un pedazo de nuestra historia: una Carta Puebla, una Constitución o un manuscrito original de un gran poeta. Frente a ellos, dejamos pasar la vista deprisa por las piezas de metal a no ser que llamen nuestra atención más que vestidos, joyas o papeles.

Sin embargo, nos dicen ahora que han llegado las toneladas de monedas rescatadas del Atlántico por el Odyssey y peleadas hasta el final por el Estado español y nos parecen cosa de otro cariz. Son monedas también pero son muchas, han sido motivo de disputa y, sobre todo, son símbolo del triunfo de la propiedad incluso por encima de los siglos.

Lo mismo ha sucedido con la llamada “Gioconda española”, la copia hallada en el Prado. Una vez descubierta su condición de clónica, se arremolinó la gente en torno a ella para verla. Probablemente ocurra lo mismo en el Louvre, cuando se exponga en compañía del original de Leonardo.

Cuántas veces no habremos pasado de largo en algunas salas en las que, cansados de ver cientos de cuadros en un tour intensivo de cinco días, nos preocupamos más por el dolor de pies que por el arte. Sin embargo, cuando hay algo que le da un valor diferencial, un valor añadido, ese objeto adquiere una luz que atrae a miles de visitantes, cotidianamente despreocupados. Es el icono lo que nos llama más que el objeto en sí.

Con el tesoro del Odyssey me temo que ocurra lo mismo. Si se llega a exponer, puede que veamos colas. Ésas que nunca se hacen para ver otras monedas u objetos cotidianos a nuestro alcance y más relevantes.

Temas

cultura, patria

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.