Cuando escuché que los sindicatos habían convocado manifestaciones para el 8 y el 11 de marzo, no me sorprendió. El 8 es “el día de la mujer trabajadora” y, puesto que las mujeres son uno de los grupos más afectados por la pérdida de empleo, resultaba oportunísima la protesta.
La otra fecha, el 11, también parecía razonable pues es domingo y, por ello, es una jornada propicia para congregar a muchos. Es cierto que es el día del horror pero a priori no parecía incompatible el recuerdo y la reivindicación.
Lo que me sobresaltó no fue, pues, el anuncio de las fechas ni vi en ello ningún interés vergonzante. Fue, después, cuando escuché a los líderes sindicales madrileños alegar que, con esa fecha, se honraba a los trabajadores muertos en los trenes. Ahí fue cuando di un respingo. Tuve que volverlo a escuchar para cerciorarme. Sí. Fueron ellos quienes hicieron la conexión. De hecho, para escribir esta columna he vuelto a revisarlo: el teletipo de Europapress decía que José Ricardo Martínez, líder de UGT-Madrid, hablaba de “un gran homenaje y gran recuerdo” a las víctimas.
Me pareció feo. No digo que no puedan hacerlo pero pensé ¿por qué mezclan una cosa con la otra? Da igual que las víctimas fueran trabajadores. Eran personas. ¿O acaso si hubieran sido banqueros no debiéramos lamentar sus muertes?
Sin embargo, el colmo de la manipulación ha sido ver cómo aplicaban una técnica retórica clásica: retorcer el argumento del otro hasta perjudicarlo. Eso es lo visto en las últimas horas cuando Cándido Méndez o Pilar Manjón han acusado de utilizar a las víctimas a quienes denunciaban esa utilización inicial. Alguien debería llevarles, como al líder de CCOO de Madrid que califica de “bastardo” mezclar el recuerdo y la protesta, los teletipos del 29 de febrero.
Puede que cierta derecha lo haya explotado para criticar a los sindicatos pero fueron ellos quienes vincularon protestas y víctimas.