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María José Pou

iPou 3.0

“Pancarteros”

No sé de qué se extrañan. Si es que se extrañan, que ya no lo tengo muy claro. A estas alturas, cualquier aspaviento proveniente de un político me activa menos que una lección magistral de ordinariez por parte de una “choni”.
Estoy convencida de que todo es pose, pero aún así consiguen que hablemos de ellos. Si el PSOE se manifiesta, que “míralos, ahora toman la calle”. Si lo hace el PP, “estos son unos PPancarteros”. Si el PSOE protesta por la reforma laboral, que “ya ves tú, si los sindicatos les hicieron una huelga y ahora van de la mano”; si el PP salía a la calle contra el aborto, que “por qué no cambiaron la ley cuando estuvieron en el poder”. Podríamos estar así hasta mañana.
La manifestación es el último recurso que le queda a un partido, a un grupo o a un colectivo profesional. Que se les oiga. Y es comprensible.
Cuando unos ciudadanos afectados por una medida gubernamental intentan transmitir su queja, tienen pocas vías y las que hay suelen ser demasiado lentas. Pueden ir al Defensor del Pueblo; pueden acudir a los tribunales; pueden esperar a las urnas pero todos ellos son caminos largos, tortuosos y sin eficacia probada, de modo que es normal que recurran al altavoz exprés que es un manifestación.
Ahora bien, que los partidos se unan a ellos, siendo algo perfectamente legítimo, resulta llamativo. Los grupos con representación parlamentaria tienen –ellos, sí- un camino directo no solo para hacerse escuchar sino para hacer que se escuche a los ciudadanos. Para eso están ahí. Por tanto, donde deben volcarse es en los parlamentos más que en las pancartas, y evitar, por supuesto, confundir ambos terrenos. Una cosa es intentar que las Cortes no vivan alejadas de la realidad que pisa el ciudadano y otra, transformar en “pancartista” la vida parlamentaria. En el Parlamento se expone, se razona y se dialoga, no se grita, ni se arenga. Pero esos debates aún están por llegar.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.