Entiendo que ante la escasez de recursos es necesario agarrarse a un cheque ardiendo pero hay patrocinios en Fallas que me incomodan. Una cosa es ver una valla con publicidad rodeando un monumento y otra, que la luz de la calle no evoque el nombre de la comisión como “La Falla de Pere” o “Almirante” sino una marca publicitaria.
Esa molestia aún me enfada más cuando se presenta como novedad algo que solo intenta vendernos un producto. Lo digo por dos ideas interesantes que se acaban de dar a conocer: el perfume de pólvora y la falla tecnológica.
Con los dos piqué y quizás sea eso lo que menos me gustó: la sensación de timo. Y en realidad no puede decirse que sea un engaño porque ambas existieron, pero no como lo que parecían ser sino como soporte de una treta comercial. Ahí reside el problema.
A eso se une que los medios de comunicación lo presentan como novedad y obvian el anuncio que subyace de modo que solo al final, cuando una ya se ha encandilado con la propuesta, se encuentra con que el objetivo era venderle algo que ni siquiera tiene que ver con la ocurrencia.
Eso me pasó con el Masclet n.5. No sé si me alguna vez me hubiera acostado, como dicen que hacía Marilyn, solo con unas gotitas de ese perfume pero reconozco que el mensaje hubiera sido evidente para cualquiera. En lugar de ir pidiendo guerra, hubiera pedido una mascletà completa, con fuego aéreo y todo. Ellos quizás me hubieran calificado de “explosiva” pero ellas, sin duda, hubieran optado por “petarda”. Y seguramente hubieran acertado. Lo que me fastidió fue saber que el invento no era más que el reclamo de una cerveza.
Lo mismo me pasó con la falla tecnológica, propuesta apetecible por lo limpia, exportable y ecológica, que no era más que la forma de presentar un coche.
Cosas de la crisis, supongo. Espero con ansia el día que nos dejen patrocinar un ninot por encargo. Para quemar con ganas, por supuesto.