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María José Pou

iPou 3.0

Siempre víctimas

A estas alturas ya casi no nos acordamos pero no deberían extrañarnos los rifirrafes en torno a las víctimas del terrorismo. Ahora es el 11-M pero no hace tanto nos ocurría en torno a ETA.

Ahora lo negarán unos y otros, y hasta nos parecerá mentira, pero hubo un día en que a las víctimas de ETA no las quería nadie. Nadie las acompañaba ni les hacía homenajes; nadie mostraba su total apoyo ni reclamaba respeto por encima de ideologías, quizás porque para casi todos ellas eran símbolo de ideologías. Era la peor forma de tratarlas. Ni flores, ni pésames ni llanto. Lo peor no era la indiferencia ni el rechazo sino la convicción de que estar a su lado era tomar postura política.

Ese es el peor desprecio a una víctima del terrorismo. Y bien lo saben las que no solo fueron golpeadas por el tiro en la nuca o la bomba-lapa sino por lo que ello significaba, esto es, la peste. Los familiares de un muerto de ETA no sentían el calor de la sociedad porque estar a su lado, justo cuando más lo necesitaban, era arriesgarse a ser un apestado. Mostrar apoyo era posicionarse y eso no convenía. Luego cambiaron las cosas y empezamos a ver un acercamiento a las víctimas hasta que, durante la presidencia de Alcaraz, la AVT adquirió un papel demasiado político. Justo lo que ha sucedido en la Asociación del 11-M con Pilar Manjón.

Sin embargo, las víctimas del 11-M no sufrieron, como las de ETA, la criminalización, por ausencia de la clase política. Con ellas, no hubo fisuras ni sospechas. Eran inocentes desde el primer minuto, mucho más de lo que pueden decir muchos asesinados a manos de los etarras.

Por eso no debería extrañarnos lo sucedido estos días. No es la primera vez que la política mancha la unidad inquebrantable de los demócratas. Deberíamos haber aprendido de la primera vez. Las víctimas son víctimas. Y punto. Su posición o la de sus líderes no debería hacernos olvidar lo esencial.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.