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María José Pou

iPou 3.0

Terrorismo en Toulouse

Lo llevan advirtiendo tiempo y tiempo los expertos. Una de las consecuencias de la crisis es la pujanza de la extrema derecha y de las actitudes racistas, xenófobas o, en general, intolerantes.

El ataque en Toulouse a un colegio judío se produce en un momento de campaña electoral que es un tiempo propicio al exceso verbal, al anuncio de mano dura o a la promesa de medidas contra un colectivo u otro. No es que eso justifique pero explica que, con ello, se pretenda doblegar a los líderes considerados tibios por los fascistas. El atentado obliga a todos a pronunciarse sin paliativos y eso puede ser utilizado para reforzar el discurso de Le Pen y su entorno.

Los grandes de Europa, Francia y Alemania, tienen en sus entrañas un mal muy peligroso que anda asomando las orejas. Si se confirma la relación de los dos ataques recientes en Francia, con el mismo modus operandi, el atentado ya no resulta una anécdota, si es que alguno lo es.

Peor si cabe es que sea cierta la conexión entre esos ataques y la expulsión de soldados neonazis del ejército francés. Sobre todo después de que Alemania descubriera una red neonazi detrás de una serie de muertes, la mayoría de turcos, con la connivencia de algún policía.

Tras sucesos como éste llega la consternación. Hoy Francia está consternada; hace unos meses fue Alemania al conocer la implicación de fuerzas de seguridad en la red neonazi y no digamos Noruega tras el ataque de la isla de Utoya.

Sin embargo, la consternación no nos libera de la semilla del mal. Éste sí es un Eje del Mal y lo que se necesita es, por ejemplo, una Cumbre sobre Intolerancia y Convivencia en Europa.

Es decir, que los dirigentes europeos dejen de disimular y aborden de frente el problema del extremismo excluyente y violento. Si no lo hacen es por miedo a ofender, como decía el director de la BBC, a algunas minorías.

Como si los judíos hubieran sido alguna vez mayoría.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.