Siempre me ha molestado el inseguro que se coge a un clavo ardiendo por no querer imponerse o quedar mal. Me refiero a ese que, por no discutir, apela a los errores formales, ya sea en el ámbito profesional o en el personal: “lo entregó usted tarde”, por no decir “prefiero al otro” o “qué pena, habérmelo dicho antes y te hubiera invitado”, cuando en realidad no quería ni de lejos tenerlo en su fiesta.
También en la política hay comportamientos similares con los que da la sensación de que el dirigente nos toma por idiotas.
No digo que no tengan razón quienes se empeñan en mantener el pleno de Les Corts para el 29 de marzo y tratar en él algunos temas propuestos por la oposición como la comisión de investigación sobre FGV. Si es cierto que estaba ya consensuada la fecha, tienen motivos para acogerse a eso y no cambiar las cuestiones espinosas del día.
Ahora bien, a ojos de cualquier valenciano resulta demasiado evidente el alivio que sienten algunos de que todo coincida. Y rotundamente beneficioso para el PP que la oposición decida hacer huelga. ¡Como para cambiarlo de fecha! Sin embargo, yo lo haría. Lo cambiaría para demostrar que no hay ninguna estratagema detrás o que, no habiéndola, tampoco hay miedo a debatir esas cuestiones con un pleno “protestón”.
Agarrarse a un clavo ardiendo, aunque sea legítimo, resta credibilidad y hace feo, pero hay un argumento más poderoso aún que la táctica o el formalismo de la previsión ya consensuada.
Se trata del mayor bien de los ciudadanos. ¿Qué es lo mejor para los valencianos: que se debata sin la oposición o que se cambie de día? No interpelo solo al PP que haría bien en no dar esa baza “al enemigo”. Quienes han hecho las propuestas también podrían pensar qué es mejor: hacer huelga o acudir a Les Corts en un tema que ellos consideran vital.
Cada cual tendrá su respuesta pero los ciudadanos también sacamos nuestras conclusiones.