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María José Pou

iPou 3.0

La derecha que piensa

Siempre que veo a un grupo de intelectuales manifestándose a favor de una opción política –y la huelga lo es- me pregunto si sería posible en España que un grupo de intelectuales se manifestara en sentido inverso.

Posible es. Pero serían calificados ipso facto de “casposos”, fascistas y “pesebreros”. En España no se puede ser intelectual de derechas o defender posiciones atribuidas a ella desde el mundo de la cultura so pena de sufrir escarnio público. No hay más que recordar a Mai Meneses, la cantante de Nena Daconte, tan cuestionada por mostrar su rechazo al aborto y hacer pública su participación en el Día de la Vida del pasado sábado.

No digo que no puedan los Serrat, Sabina o Bardem posicionarse en defensa de una huelga que nadie hizo para reclamar que se parara la sangría de la destrucción de puestos de trabajo y de empresas en nuestro país. De hecho me gustaría que ésos que hicieron grande la canción protesta y el cine de denuncia los recuperaran para mostrar los estragos de la crisis económica más allá de la última de Álex de la Iglesia, tan flojita.

De hecho, estoy deseando ver películas, escuchar poemas cantados o leer novelas que reflejen la España de hoy. Está muy bien ver escenas como las de “Pa Negre” o “Los girasoles ciegos” que nos ayudan a imaginar la dureza de la persecución por diferencias de orientación sexual o ideológicas en la España de los años 30. Sin embargo, no quisiera tener que esperar tres décadas para que el mundo de la cultura contribuyera a analizar y observar la realidad más próxima.

Pueden quejarse también de la política. Por supuesto. En lo discutible, lo deseable es que haya discusión. Pero ahí es donde veo el problema. Un problema doble: las posturas un tanto histéricas de algunos que se sitúan enfrente y defienden al PP como si les fuera la vida en ello y el desprecio de la izquierda hacia la derecha que piensa. Porque, sí. También piensa.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.