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María José Pou

iPou 3.0

Las señoronas de Mingote

Cuando la muerte de un profesional es llorada por su empresa pero también por la competencia podemos decir que estamos ante un grande. Eso es lo que sucede con Antonio Mingote. Toda la profesión le llora; poco importa que haya trabajado siempre en otra cabecera, su trayectoria supera esa nimiedad.

Poco me importa a mí que algunas viñetas con las que enseño a mis alumnos de periodismo lo que es el humor las hubiera firmado y publicado él en los años 50. Son actuales. Hablan de la crisis, vivida bajo un puente, o de ese pobre que pide a una señorona con pieles. Sabía mostrar la condición humana. Lo que permanece. Lo que es eterno. Como hacen los clásicos.

Con esas viñetas intento que vean la fuerza expresiva de una imagen y el poder corrosivo del humor, capaces por sí mismos de decir aquello de lo que el texto se duele. Virtudes, por tanto, valiosísimas para quien pretende hacer entender al lector los resortes del poderoso. El humor baja del pedestal a cualquier engreído.

Por eso, posiblemente, es visto con recelo por quien cree que solo lo serio es digno. Decir sin decir, sin ofender, sin explicitar, sin atropellar ni irrumpir es una cualidad ausente demasiadas veces en nuestro periodismo de hoy aunque sea tan necesario.

Mostrar la dureza de la crisis sin desalentar ni desgarrar o la brutalidad del terrorismo sin sangrar o la incongruencia de la religiosidad de boquilla sin ofender son habilidades que no se desarrollan en un cursillo acelerado. Se consigue con oficio y amor al oficio.

Desentrañar las claves de la actualidad y mostrárselas al lector con suavidad y con una media sonrisa. Hacerle ver, es decir, desvelar los secretos de una realidad tan compleja como la que vivimos con un solo trazo, una escena o un diálogo ocurrente. Ese es el trabajo de los dibujantes, como los que publican en estas mismas páginas. Una aportación sin la que la vida sería mucho más oscura y triste.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


abril 2012
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