El político de nueva generación tendrá que acostumbrarse a dar la cara. Y a que se la partan, metafóricamente hablando.
Ya sé que debía haber sido siempre así, sobre todo, desde que se tomó conciencia de que el poder emana del pueblo. Sin embargo los políticos a la antigua usanza fueron eso, de Antiguo Régimen, y pensaron que debía ser “casi todo para el pueblo pero casi nunca con el pueblo”. Un despotismo que, para colmo, a veces ni siquiera era demasiado ilustrado.
Yo no sé si son conscientes de ello o siguen pensando que un mitin tradicional es suficiente para que el mensaje llegue y las redes sociales son pamplinas de “geeks” enfervorizados a los que contentar colgando una foto con el coche estropeado.
Si no cambian, algún día se encontrarán con sorpresas que no calculaban como tartazos o zapatazos.
El ciudadano necesita respuestas más que nunca. A un siervo de la gleba se le podía meter la mano en el granero sin que rechistara. Entre otras cosas porque rechistar era el primer paso hacia el cadalso. Pero hoy no somos siervos de la gleba a los que exprimir sin preguntar, explicar y agradecer. Ahora, meter la mano en el bolsillo exige “good manners”, buena maneras, educación y sensibilidad.
¿Alguien cree que la pensionista que ayer se encadenó al Banco de España para que no la tiren de su casa porque avaló con ella a un hijo endeudado le basta con un folleto electoral? No diré qué limpiará con él si se lo dan porque soy una señora, pero se lo puede imaginar.
Por todo eso, me parece bien que Fabra vaya a iniciar una campaña bajo el título “Respondemos” con el fin de explicar los recortes y ajustes aplicados en la Comunitat. Ahora bien, la clave no está en el discurso unidireccional. “Respondemos” supone que hay algo previo, un “preguntamos”. Y lo hacemos sin paños calientes. No solo queremos saber por qué hay un recorte sino en qué se gastó el dinero que podría haberlo evitado.