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María José Pou

iPou 3.0

K y la necrofilia política

Nunca pensé que decir “español” fuera un insulto terrible pero viendo la escena del Congreso argentino durante la votación sobre YPF, casi me pareció lo más suave de lo que uno puede ser tildado.

No creo que sea la primera vez que en Latinoamérica se usa el gentilicio patrio para menospreciar a alguien, habida cuenta de que hubo una conquista y muchos procesos de independencia. En ese contexto, descalificar a alguien relacionándolo con la metrópolis es previsible.

Así que no fue tanto el apelativo utilizado en el fragor de la exaltación nacional lo que llamó mi atención como el enorme mantelón con la cara de Néstor Kirchner que cubría las tribunas. Ni Bolívar habrá tenido una muestra de devoción textil tan grande en los parlamentos.

La utilización que hace la viuda de la imagen del difunto es una especie de necrofilia política de dudoso gusto y de enorme rentabilidad. Ahora mismo en Argentina, hasta la Q debe estar mal vista por oponerse a la K. Todo es K y ahórrenme la broma del bis.

En el fondo, el grito de “española” que se llevó la diputada próxima a Macri no fue más que una versión desgarrada del conocido “antipatriota”.

Y eso es lo más preocupante de lo sucedido con las empresas españolas en América. Más allá de las consecuencias económicas, la explotación del factor patriótico es una huida hacia delante de los líderes más populistas del continente: Venezuela, Bolivia o Argentina.

Todos ellos venden una imagen teatralizada del libertador que va a romper las cadenas de la dependencia energética o económica de su país, aunque las tengan con otros que tradicionalmente los han usado como patio de atrás.

En Argentina esa fusión de patriotismo hasta en los JJOO y la imagen omnipresente de Kirchner conduce a la santificación laica de Néstor y convierte el credo de los K en un mensaje superior a la Constitución. Una senda que puede desembocar en otro tipo de dictadura. Otro.

Foto: EL PAIS

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.