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María José Pou

iPou 3.0

Auroras peligrosas

“Aurora Dorada” es nombre de pitonisa televisiva, de agencia de viajes del Imserso o de remitente de aquellas acongojadas cartas que algunas (y algunos) mandaban a Elena Francis. No sé. Podría referirse a cualquier esperanza pero ha resultado ser un negro nubarrón en la política europea. Otro ejemplo de extrema derecha intolerante y faltona.

Una suele huir de todo lo que lleve el apellido “nuevo mundo”, salvo Dvorak. Reconozco que tengo alergia a proyectos encabezados por expresiones como “nueva era” o “nuevo amanecer”. Cada vez que alguien habla del amanecer frente al ocaso me suena a totalitario.

Debe de ser porque he conocido a más de un “iluminado” que cree estar inventando un nuevo mundo en lugar de proponerse mejorarlo. No es irrelevante el matiz. Quien acepta la realidad pero le ve defectos demuestra ser capaz de valorar lo que de bueno tiene lo existente. En cambio quien arrasa con todo y crea ex novo no ve nada positivo en lo que hicieron quienes le precedieron. Lo desprecia y se cree por encima de sus congéneres. Ese perturbado es peligrosísimo.

Por eso yo prefiero al reformista frente al revolucionario. Y al que no niega el esfuerzo de otros aunque se equivoquen frente a quien se considera capaz de erradicar el error y lograr la perfección solo con su varita mágica.

Por lo general, esa varita solo nos trae destrucción y exclusión. La imposición es la primera señal de que el iluminado se cree dios. Incluso presenta sus métodos desde la arrogancia de quien se siente superior. Por eso no me extrañó nada que los matones del líder de “Aurora Dorada” gritaran como lo hicieron a los periodistas para que se pusieran en pie. No tienen autoridad; han de obligar a reconocérsela.

La sociedad, de hecho, debería tomar el trato con la prensa como la primera señal de alarma ante un personaje indeseable. Se empieza por los que desvelan la verdad y se acaba por imponer la propia.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.