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María José Pou

iPou 3.0

Jerarquía en Les Corts

¡Qué dura es la vida de miembro de la Mesa de Les Corts! Todo el día bregando de sol a sol; sin apenas pausa para comer; sin capacidad de conciliar la vida familiar y el campo de golf; levantándose a las seis para coger un tren de cercanías, dos autobuses y el Valenbisi por no molestar al chófer. Y todo ¿por qué? Por apenas 100.000 euros al año. Qué perra vida la de algunos por estos lares.

Dicen que no se bajan el sueldo por no sé qué pamplina de semiótica de mercadillo en torno al concepto de jerarquía que transmiten los sueldos respecto al de Fabra. Será que tengo interferencias en la transmisión pero no me llega. ¿Qué es lo que les viene tan mal? ¿No poder pagar las facturas de teléfono o el alquiler de su local comercial? ¡Ah, no, esperen! ¡Si el móvil se lo pagamos nosotros y el local comercial es patrimonio de todos los valencianos! Tan nuestro que lo costean nuestros impuestos.

No sé si se dan cuenta de hasta ahora nos tomaban el pelo pero ahora directamente nos insultan con sus emolumentos, privilegios y quejas de niño pijo molesto porque la temperatura de su cubata está medio grado por debajo de su gusto mientras a su lado hay quien no puede comer.

Su resistencia a tener empatía con el ciudadano que sufre no es más que un motivo más de indignación y justa desafección por la clase política. ¿Y luego se sorprenden de pitadas, malas caras y bajada de confianza? ¿Acaso se la ganan?

Tienen jefes y dossieres de prensa, pero no se enteran de lo que ocurre ahí fuera. Ni siquiera de lo que publican estas páginas o las de la competencia. Más de 200.000 familias valencianas tienen a todos sus miembros en paro y 4 de cada 10 parados no tiene ninguna prestación. Y sin embargo se preocupan de que el sueldo no rebaje la jerarquía. Pues si es por jerarquía, recuerden que quienes estamos por encima de la Mesa de les Corts somos los ciudadanos. Y sus miembros son unos mandados.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.