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María José Pou

iPou 3.0

Los “bankeros”

El problema del pobre es que no es sistémico. Esa es la conclusión a la que he llegado tras una semana de “bankeros”.

No hablo de los banqueros de toda la vida que, tal vez eran igual de vampiros y chupaban la sangre a los clientes, pero no lo hacían con esta alevosía, desfachatez y avaricia.

Los “bankeros” son usureros de la peor calaña, envueltos en moquetas exquisitas y ventanillas blindadas, no como los de tiempos medievales, en antros oscuros y tenebrosos. Estas rapaces contemporáneas demuestran que la usura y el bullying financiero pueden presentarse con sus mejores galas, manteles de hilo y mocasines de diseño.

Con ellos no hay justicia humana que se cebe aunque espero que sí la haya divina. Ellos son “sistémicos”, que es la palabra de la semana. “Sistémico” es un gran banco o una gran multinacional, como el Santander o la Ford.

Lo son porque su potencia y su tamaño hacen que sea imposible su caída. De permitirla, toda la economía se tambalearía. Esa es la razón por la que son intocables aunque algunos de ellos estén lastrando a todos con su política nefasta, como Bankia.

Por eso el pobre lo tiene tan mal. No es sistémico. Poco importa que haya sido emprendedor, que haya creado empleo, que lo haya perdido todo por falta de pagos y que ni suplicando haya salido alguien en su defensa. Si cae y cambia su casa por unos cartones no hace peligrar la economía nacional. A él, pues, no es necesario restacarlo, inyectarlo ni intervenirlo. Si se suicida, como en Italia, no se resiente el Ibex 35.

Pero a Bankia, que ha vivido al límite, que no ha cuidado lo que tenía y que ha buscado enriquecerse más allá de lo razonable y beneficiar más allá de lo servil, a esa no le consentimos ni un constipado de primavera.

Los “bankeros” son sistémicos. Los pobres, no. Tal vez su dolor no ponga en riesgo la economía pero hace tambalear lo más profundo de la sociedad. Son moralmente sistémicos.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.