Hace tiempo que no creo en conspiraciones pero sí en estrategias. Me cuesta aceptar que haya una mano negra dispuesta a hacer estallar conflictos de forma sibilina pero nunca descarto que una decisión política tenga detrás intereses no manifiestos.
Por eso las teorías de la conspiración me suenan a manía persecutoria colectiva y, sin embargo, descargadas de su componente paranoico, no son descabelladas.
Digo esto por las declaraciones del movimiento Democracia Real Ya acerca de lo que pudo ser un incidente muy grave en la Plaza del Ayuntamiento durante la noche del sábado.
La manifestación pacífica terminó, como era de prever, en la misma plaza que hace un año concentró la indignación de los valencianos. La mascletà estaba montada, así que la “okupación” obligó a desmontarla.
El problema no era la suspensión de un acto previsto. Lo preocupante fue el riesgo. Así lo indica la denuncia de Reyes Martí contra los manifestantes.
El peligro fue real. Si podemos ahora dedicarnos a echar culpas a unos u otros es porque no pasó nada. Y es curioso que tanto unos como otros se reprochen la temeridad.
Democracia Real Ya culpa al Ayuntamiento con cierta teoría de la conspiración pues afirma que quizás todo estaba planificado “para ensuciar la imagen de la movilización”. Es sibilino pero no descartable.
El Ayuntamiento se equivocó al elegir el lugar de la mascletà. No sé si lo hizo contra el 15M pero era previsible que acudieran al lugar. Es cierto que los indignados podían haber cambiado de espacio aún a riesgo de perder el valor simbólico de la Plaza.
Pero de lo que no hay duda es de que entrar de cualquier manera en un perímetro acotado con una mascletà dispuesta para el disparo es un acto temerario. ¿Se podía haber ocupado la plaza después de la mascletà? Perfectamente. Y así hubieran demostrado al Ayuntamiento que su estrategia, sin violentar nada, era del todo punto equivocada.