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María José Pou

iPou 3.0

Fantasías médicas

La interpretación de un escrito es libre pero la rapidez con la que circula hoy la respuesta a lo publicado hace que se potencien reacciones desafortunadas. Hace unos días, una servidora lo vivió en primera persona.

Después de criticar duramente a “los bankeros” considerándolos usureros de la peor calaña a raíz del caso Bankia, un lector me escribió airado porque, a su entender, despreciaba a los pobres. Precisamente hacía lo contrario, es decir, reivindicaba que los pobres, aunque no tuvieran el peso de los grandes bancos en la economía, debían ser rescatados y ayudados en la crisis. Al parecer no quedó suficientemente claro y me da la sensación de que es lo que le ha sucedido a Cavadas.

Por mucho que leo sus declaraciones no encuentro el desatino que le achacan. Es verdad que alertó sobre una imagen distorsionada de lo que significa ser médico: “No creo en la vocación. Dudo mucho que un niño entienda qué es ser médico. Te puede gustar llevar bata blanca o que creas que vas a ganar mucha pasta o que te tirarás a la enfermera, pero conocer profundamente la profesión es imposible”.

De esas frases han extraído una visión despreciativa hacia los profesionales de la enfermería y, sin embargo, yo creo que Cavadas censura un estereotipo que nada tiene que ver con la realidad. Lo mismo les sucede a los que estudian para pilotos pensando que su vida será liarse cada día con una azafata distinta. Pensar eso es una estupidez pero en los inicios de una carrera puede haber deformaciones de la realidad por efecto del cine, de la televisión o de leyendas urbanas sin ningún fundamento.

También ocurre con los periodistas. Los hay que en primero de carrera quieren recorrer el mundo de aventura en aventura o hacerse famosos en la tele. Los que conocemos esto sabemos lo que tiene de verdad el mito. Como les ocurre a los enfermeros y espero que también a Cavadas, aunque una aclaración no estaría de más.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.