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María José Pou

iPou 3.0

Krahe y el obispo de Alcalá

“Juicio por blasfemia”. La maquinaria de la propaganda ya está en marcha. Poco importa que en España ya no exista el delito de blasfemia. Si no se dice así, pierde fuerza el relato victimista de algunas voces que han convertido a Javier Krahe en el último penado de la Inquisición. Que la realidad no te estropee un buen titular.

A Krahe no se le juzga por ofender a Dios. Eso no es delito. Se le juzga por ofender a los creyentes [ver vídeo aquí] que, por cierto, no somos solo católicos sino también protestantes, anglicanos y ortodoxos. A todos los cristianos.

Y lo dice alguien bastante tolerante con el humor sobre lo religioso. No soy tiquismiquis con la burla ni hipersensible hacia la broma sobre la Iglesia. Soy tan devota de la fina ironía que la valoro se aplique a lo que se aplique. Incluso a la religión. Muy buenos chistes se hacen con ello.

El problema que siempre plantea el humor es dónde fijar el límite. Hoy en día a nadie le hace gracia un chiste que se ríe del dolor de homosexuales, mujeres maltratadas o discapacitados. ¿Por qué? Porque hiere la sensibilidad de esas personas y de todo ciudadano de bien.

En la sociedad se ha instalado la “tolerancia cero” hacia ese tipo de sarcasmo hiriente y, sin duda, es un gran avance. Cuando se trata, sin embargo, de colectivos religiosos, los márgenes ya no son tan estrictos. ¿Deberían serlo? No lo sé, pero, sí defiendo que, al menos, se plantee el debate sin apasionamiento por parte de creyentes y no creyentes.

El problema es que en este país ese tipo de debate no es calmado ni racional ni productivo. Algunos creyentes se ofenden hasta con chistes donde Jesús sale bien parado y algunos no creyentes solo entienden la libertad de expresión como la defensa de quien piensa lo mismo que uno.

¿Debería reclamarse la misma libertad que se exige para Krahe en el caso del obispo de Alcalá? Sus palabras ofendieron a colectivos homosexuales y, por qué no decirlo, también a la inteligencia, pero si defendemos que Krahe se ría de lo religioso ¿no deberíamos permitir al obispo que haga su crítica cuando ésta, por muy inoportuna que fuera -que lo era- no pretendía ridiculizarlos como sí hace el vídeo del crucifijo cocinado en el microondas?

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.