Está de moda el prefijo sub- que, como sabemos, significa “por debajo de”. En estos momentos, vivimos una economía de subsistencia, más que de existencia. Vivimos por debajo de nuestras necesidades porque antes lo hicimos por encima de nuestras posibilidades. O sea, ahora nos mantenemos en el subsuelo porque antes anidábamos en el supersuelo o, lo que es lo mismo, envueltos en la burbuja inmobiliaria.
El 15M reclama cambiar el sistema para salir de la “sub-democracia” en la que estamos; Amaiur exige un negociación para ampliar lo que a su juicio es una “sub-autonomía”; el Consell anda agotando plazos en lo que es un “sub-pago” fraccionado a proveedores y hasta la hermana de Letizia opta por una “sub-boda” para escapar de los paparazzi, esos “sub-periodistas” de tres al cuarto según su señor esposo.
Pero el colmo de la subdivisión interpretativa del mundo es la comparecencia para explicar qué ha pasado con Bankia. Dicen que irá el subgobernador del Banco de España a la subcomisión de seguimiento del FROB. Imagino que hay razones de peso para hacerlo pero da la sensación de que solo será una sub-explicación. Y la pregunta es inevitable: ¿Nos toman por “sub-normales”?
Entiendo que da miedo pensar en las consecuencias de contar la cruda realidad pero, por lo que vemos, la prima de riesgo no mejora por ocultarla. Además, aunque fuera el preludio del desastre total, más vale desangrarnos de una vez por todas que, por miedo a la reacción de los mercados, seguir con esta sangría diaria de hemorroísa sin perspectivas de milagro inminente.
A eso hay que añadir que el silencio no crea tranquilidad. Aunque creo que los mercados van a su aire a ver qué engullen sin que influya la política, la sola sospecha de que no se ha dicho todo es perjudicial. Es una espada de Damocles que ya ni siquiera pende sino que nos está taladrando las meninges lentamente hasta que se destape todo lo oculto.