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María José Pou

iPou 3.0

La cacerola llena

Hablaba ayer el presidente autonómico de la Cruz Roja en términos especialmente duros de la crisis. La calificaba de “desvergüenza” por nacer del afán de enriquecimiento desmesurado; la comparaba con el Sahel donde solo unos pocos tienen acceso al alimento, y alertaba de la resignación que nos puede invadir al considerar inevitable lo que está pasando.

De todo lo que dijo, sin embargo, me llamó la atención un detalle que a menudo pasa inadvertido. Dijo que es necesaria la indignación como reacción social pero que ésta “debe desembocar en movilización”.

Ese binomio “indignación-movilización” es el que más me interesó porque, con frecuencia, nos sentimos satisfechos cuando nos descubrimos indignados ante lo que está pasando. Nos vemos en la calle protestando, exigiendo explicaciones a los responsables; rectificaciones, a los gestores y disculpas, a los vampiros sociales que chupan la sangre. Sin embargo, la indignación por sí misma no es revolucionaria si no mueve a la acción.

Si el enfado se queda en un rechazo al sistema y cierto despecho contra los poderosos, solo conseguimos irritarnos y amargarnos. Por el contrario, si canalizamos esa molestia hacia quien lo necesita ya no es una indignación estéril.

No podemos darnos por satisfechos únicamente con el ceño fruncido. Es cierto que la irritación es el primer paso para la acción, como la sorpresa ante la realidad es el primer escalón hacia el conocimiento pues nos obliga a preguntarnos por nuestro entorno. Del mismo modo, el enfado es necesario para cambiar las cosas. Si no las vemos injustas, jamás nos moveremos para que dejen de serlo.

Ahora bien, ese movimiento tiene dos direcciones: la reivindicación y la ayuda mientras cambia el sistema. Solo la primera es un activismo loable pero olvidadizo. La cacerolada es necesaria para transformar el mundo pero mientras tanto hay que llenar la cacerola para quien no tiene de comer.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


junio 2012
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