Pocos gestos de machismo me fastidian tanto como el de una mujer hacia otra. Y a veces ni siquiera se da cuenta.
Pienso por ejemplo en quienes defienden que las mujeres conducimos peor que los hombres. El dato se desmiente con las pólizas de las aseguradoras. Si ésas, que pierden dinero con el mal conductor, hacen ofertas cuando se trata de una mujer, no puede afirmarse que su conducción sea descuidada y peligrosa. En general. También las hay torpes, como hombres que parecen haber obtenido el carnet en la tómbola.
Por mi parte, si no puedo cambiarla, me aprovecho de la “mentalidad machista”. Es algo que suele hacer reír a mis amigas cuando hago una tropelía a sabiendas pero con cara de mujer-inútil al volante. Si de todos modos lo van a atribuir a mi género y no a mis capacidades, ¿por qué no hacer lo que me dé la gana?
Lo resumo en las rotondas cuando digo “me cruzo, me cruzo, porque soy mujer y no me entero” mientras cambio de carril, con gesto de “ups, por qué pitan si yo voy bien”, y acabo donde me interesa. Con absoluta consciencia pero con gesto de despiste. Al fin y al cabo muchos hombres lo hacen pensando “la calzada es mía que soy un machote”. Ellos lo hacen con chulería; yo, con falsa inocencia.
Digo todo esto por el revuelo que se ha montado en Francia al apoyar la pareja actual de Hollande al candidato contrario a la ex del presidente francés mientras éste, sin embargo, la avala.
Es bueno que tenga libertad de criterio para apoyar a quien le parezca aunque no coincida con el presidente. Lo contrario sería frustrante.
Sin embargo, corre el riesgo de ser interpretado todo como un despecho contra la ex de su pareja. O sea, en clave machista, dando por hecho que una mujer se deja llevar siempre por sus pasiones y no por su cerebro.
Su gesto, libre y noble, puede llevar a equívoco que favorezca tesis sexistas. Y una comunicadora como ella debería haberlo calculado.