No digo que no tenga razón el Constitucional, pero no puedo dejar de recordar las críticas al Tribunal por parte de los nacionalistas radicales cuando dice lo que no quieren oír; la negativa a aceptar la Constitución que le da origen y la insistencia en rechazar todo lo que venga de España. Menos su legalización, supongo.
La noticia no es sorprendente ni nueva ni llamativa. Es más de lo mismo, en un contexto en el que ya nos estamos acostumbrando a no saber de ETA ni de sus secuaces y, por tanto, en el que somos más tolerantes hacia todo lo que provenga de su entorno.
Sigo sin creerme nada. Ni lo de ellos ni lo contrario, el empeño en negar taxativamente todo paso que se dé. Solo me queda la sensación de que en el fondo asistimos a una estrategia orquestada para hacernos tragar con ruedas de molino trituraditas, como a los críos las pastillas que no quieren tomar. Y no digo que me parezca mal si realmente hay un cambio en la visión del “conflicto”, como se empeñan en llamar algunos al ejercicio del terrorismo para lograr unos fines.
Supongo que el Constitucional ha encontrado pistas que le lleven a pensar que realmente se ha producido el cambio. Yo no tengo ninguna. Que ETA no mate no significa que no quiera hacerlo o simplemente que no considere justificado hacerlo en su mentalidad paranoica. Se me podrá decir que ETA y Sortu no son lo mismo pero todos sabemos que ETA ha sobrevivido por un apoyo social al que ha contribuido este tipo de grupos.
Otra cosa es que hayan tomado conciencia de que su techo electoral está bloqueado si no hacen gestos en sentido opuesto. Y en eso estamos. En propaganda electoral. De unos y de otros. Ahora bien, si esa circunstancia ayuda a acabar con ETA, bienvenida sea, siempre y cuando no pida a cambio renuncias inaceptables en un Estado de Derecho. Eso es lo que intentó proteger el Supremo y lo que debería proteger el Constitucional. Si existiera.