Nos van a subir la luz, el IVA, las temperaturas y la tensión. Todo junto, sin pausa, con prisa y sin anestesia. Y de todo, lo que más me fastidia es que presuman de austeridad después de haber vivido en la opulencia, el despilfarro, el descontrol y la despreocupación por el gasto público.
No hace falta que me expliquen por qué. Casi agradezco que no me lo digan. Lo pensaba el otro día escuchando unas declaraciones del concejal Alfonso Grau. Presumía de la austeridad que rige la política municipal. Dicho así me parece bien, incluso excelente, pero enseguida me asaltó una duda. ¿No eran estos los que gobernaban durante los últimos años? Entiendo que uno presuma de austero frente a su contrario si no ha sido él quien ha estado al frente de la cosa pero si ha sido su responsabilidad, mejor no alardear demasiado.
Con Rajoy el problema no es defender el ahorro sino explicarnos que se impone por nuestro bien. Así, en genérico y abstracto. Argumenta el presidente que vienen medidas “difíciles” porque la economía debe crecer. Me alegro por ella. Y espero que se ponga fondona, hermosa y entrada en carnes. Pero me da la sensación de estar quitándonos el pan de la boca para hacer una torta gigante que repartiremos entre todos. No es mala idea si lo conseguimos; el problema es que algunos pueden morir de inanición hasta que la torta sea suficientemente grande como para alimentarnos.
Supongo que ya no saben qué decir. Yo me conformaría con que dijeran “perdón”, se fueran abochornados por no haber sido capaces de gestionar los recursos de forma eficaz y dieran paso a otros decididos a buscar el bien común, no el del partido o el del líder.
No me basta con que el ayuntamiento presuma de contención del gasto. Quiero saber por qué los recortes de ahora no se hicieron antes. Y, sobre todo, por qué nunca nos habían vendido una gestión austera como gran baza de su mandato hasta hace media hora.