Incluso los que no tenemos espíritu olímpico ni interés en los grandes eventos llegamos a contagiarnos de la oportunidad que suponía Madrid2020. Así ocurrió en Valencia, soñando con los millones que ya no recibirá por ser subsede de Vela. Durante unas horas se juntó el comentario de Obama sobre la situación de España y el anhelo de ser el centro del mundo y terminamos pensando que la designación de Madrid era el inicio de nuestra carrera hacia la gloria. Se nos olvidó, con ello, que la geopolítica existe y no es justa. Es política.
Tras el disgusto hemos dedicado el fin de semana a flagelarnos sometidos a un complejo de inferioridad colectivo que no nos abandona desde 1898. Cada cual alegaba una razón para explicar el supuesto desplante del COI: la corrupción, la falta de inversiones en cultura y deporte, la incapacidad de nuestros líderes para vender la marca España y para hablar un inglés mínimamente digno y hasta los gestos fascistas de algunos. Cada uno mostraba, con su análisis, cuáles eran sus fobias y sus traumas y a ellos achacaba el desastre. Todo menos pensar que los intereses de los miembros del COI no necesitan a España. No me refiero a que sean una mafia, aunque no sean democráticos, los escándalos relacionados con la compra de votos se queden en nada y sus argumentos no se sostengan. Me refiero a que España no interesa o lo hace menos que París, que aspira a 2024. Prueba de ello es una secuencia de elecciones sectaria. Cuando fue elegida Londres, se culpó al terrorismo por la pregunta de Alberto de Mónaco sobre seguridad, pero la capital británica sufrió el peor atentado de su historia apenas unos días después. Ahora Nawal el Moutawakel dice que España debe dedicar sus recursos a otra cosa y no a los Juegos Olímpicos. Estoy de acuerdo pero y ¿Río? ¿acaso Brasil puede permitirse el lujo de Mundial y Olimpiadas casi al mismo tiempo? La decisión del COI será muy ajustada a sus intereses y posiblemente también a los del deporte. Lo que no podemos hacer es tomar su baremo como medida de nuestra calidad como país. Ahí reside el error.