Hay lugares cuya sola mención produce evocaciones. Eso me ocurre cuando leo sobre lo que sucede en Crimea y veo que hablan del puerto de Sebastopol. Sebastopol es una referencia infantil cuya existencia real muchos pusimos en duda durante años hasta descubrirla de pronto en un mapamundi. Ocurre otro tanto con Pernambuco y no digamos con la Conchinchina que nunca llegamos a localizar del todo, lo que la hacía más misteriosa y alejada que las demás.
Lo malo es que, con el tiempo y la evolución del propio lenguaje, asistimos a una pérdida progresiva de precisión. Si antes enviábamos a alguien a la Conchinchina con tal de que se fuera lejos, ahora le recriminamos haberse pasado “cuatro pueblos”. ¿Cuáles? No está claro. La indeterminación puebla nuestras referencias tal vez porque el desconocimiento geográfico puebla también las mentes de las nuevas generaciones. Si un GPS señala el recorrido, ¿para qué buscar nada en un atlas o en una esfera del mundo? Es la eliminación de un placer que quizás ya no disfruten, el de encontrar sin buscar. Eso sucede cuando el dedo se queda prendido de Katmandú o Samarcanda, mientras cotilleamos, indolentes, un mapa de Asia. Con Sebastopol ocurre algo similar.
También tiene que ver la forma de hablar de los más jóvenes que bebe de múltiples fuentes. La más importante es la televisión y en general todos los medios de comunicación. Si allí, en lugar de mandar a alguien a que haga mutis por el foro, que resulta tan culto, nos acostumbramos a pedirle que se multiplique por cero, como hace Bart Simpson, el registro cambia. No diré que a peor. Las matemáticas salen ganando y ya no se puede decir que los críos no se saben la tabla del cero, pero el teatro sale perdiendo por comparación.
No sé si los chavales de ahora saben dónde queda Sebastopol. Ni siquiera tengo claro que sepan lo que significa que algo es así, aquí y en Sebastopol, pero estaría bien que con tanta noticia sobre Crimea, aprovecháramos para enseñarles esos sitios alejados que en la mente de nuestros mayores sonaban a la ruta de Marco Polo. Aunque tengamos que empezar por decirles quién fue Marco Polo.