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María José Pou

iPou 3.0

Macumba y Providencia

Calderoli ya respira tranquilo. Roberto Calderoli es un senador italiano que no tuvo mejor ocurrencia que comparar a la ministra de Integración, Cécile Kyenge, con un orangután. Sus inoportunas declaraciones provocaron la consiguiente polémica en el mundo político italiano que se lanzó contra él, excepto quienes aprovecharon para tirarle algún plátano en lugares públicos a la dirigente de origen congoleño. Sin embargo, las consecuencias de sus palabras no quedaron ahí. O eso dice. Hace unas semanas, el propio Calderoli reveló que el padre de la ya exministra, jefe de su tribu en Congo, le había lanzado un mal de ojo que le estaba haciendo la vida imposible. Según él, la “macumba” le había llevado seis veces al quirófano; había muerto su madre; se había roto dos vértebras y dos dedos y, además, había encontrado en su casa una serpiente. Dicho esto pidió, por favor, al padre de Kyenge que le librara del maleficio, lo que finalmente ocurrió hace unos días.

Aquí en España podemos agradecer que no hay tradición ni presencia pública de ritos, maldiciones o creencias ancestrales que nos lleven por ese camino tan pintoresco. Aquí, para eso, somos mucho más institucionales. Quizás interiormente nos preocupa el mal de ojo que nos pueda echar una gitana a la que no compramos romero a las puertas de una iglesia pero jamás lo reconoceremos en público. Ahí nuestro problema es el credo oficial. Que si el Concordato, que si el obispo X, que si un misionero es de una orden y ya se apañará la orden… aquí somos más de rechazar la estructura, no el rito. Y, cuando creemos, también nos volcamos con la estructura, más que con las ceremonias. Así, nuestros ministros son proclives a evocar la intervención divina tradicional como ya vimos con Fernández Díaz o Fátima Báñez y su confianza en la Virgen para solucionar cualquier problema de la economía española. Salvo las SICAV, no sea que algún arcángel despistado tenga unos ahorrillos invertidos.

Ayer, de nuevo, vimos esa encomienda divina en el ministro García Margallo y la expresidenta de Madrid, Esperanza Aguirre. Ambos, al ser preguntados por su vinculación a alguna lista electoral, se remitieron “a la Providencia” y a Rajoy. Por ese orden. Menos mal. Respetan la jerarquía. Como tiene que ser. En cualquier caso, ellos demostraron nuestra tendencia a encomendarnos directamente al Altísimo. Nada de mandos inferiores ni invocaciones mágicas en manos de cualquier intermediario. Eso si descontamos a Rajoy en ese papel, cosa dudosa en las palabras del ministro: “Mientras la divina providencia y el presidente del Gobierno me mantengan, seguiré en Exteriores”. En cualquier caso, se nota que somos católicos y no animistas. Lo nuestro es tratar directamente con el superior. Algo así como dejar a un lado el libro de reclamaciones y pedir que salga el encargado. ¡Ahora mismo!

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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