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María José Pou

iPou 3.0

Cotillear el bolsillo

Si la transparencia, tan demandada, se va a quedar en cotillear los sueldos de los demás, mal negocio hemos hecho exigiéndola. La transparencia, salvo cuando esté en juego la seguridad, debería ser una pauta normal de comportamiento en todo representante público y no, como ahora parece, un plus de buen hacer que vende o censura al contrario antes de las elecciones. No es un añadido que encumbra a quien lo practica sino un aspecto básico en la gestión de lo público. No hay argumento que se sostenga para ocultar la información sobre cómo gastan nuestro dinero, excepto lo que pone en riesgo a personas o al conjunto de los ciudadanos. Eso no incluye ni sueldos ni gastos habituales ni contratos o reuniones. Al menos, la mayoría de todos ellos. Es evidente que no resulta sensato dar el nombre de los espías que en Somalia intentan evitar daños a los buques de la Armada o que en Marruecos vigilan a quienes captan yihadistas para atentar en España. Pero más allá de casos concretos que todos podríamos entender, es lógico que queramos saber. Que lo exijamos. Y que no hagamos gran escandalera de ello.

Por eso la reacción a la activación en Internet de un portal de transparencia parece demasiado simple y ridícula. Que todo se resuma en que los ministros cobran menos que sus subordinados es triste porque solo indica que los sueldos de los cargos públicos deben ser revisados en España. Eso incluye la incoherencia de que un presidente autonómico cobre en ocasiones casi el doble que el presidente del gobierno de la nación. Las críticas que algunos han lanzado quejándose de que cobran mucho o poco, aunque previsibles, no dan en el clavo de lo esencial. Es lógico que una sociedad cuyos ciudadanos celebran llegar a mileuristas como una bendición se escandalice por que algunos lleguen a “cienmileuristas” a dedo, sin un curriculum que les avale ni una demostración de más méritos que saber a quién “hacer la pelota”. Ahora bien, lo grave no es lo que uno cobra sino lo que uno trabaja en relación a lo que gana y lo que ganamos todos teniéndole en ese puesto y con ese sueldo. Que la vicepresidenta ignore las críticas a que sus secretarios de Estado ganen más porque con la de trabajo que tienen no tienen tiempo de gastar (sic), no hace sonreír aunque sea un buen regate, sino que anima a repreguntar si es que sus subordinados no tienen trabajo.

El portal recién abierto no es la cima de la montaña; es solo el primer paso para empezar a subirla. De hecho no debería ni siquiera existir un espacio especial para conocer una información que debe ser pública por defecto, sino que deberíamos poder conocer esos datos, como un apartado más, en cualquier web de un organismo público. Y eso incluye, aunque no se den por aludidos, a ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos. Ahí reside el verdadero reto, aún por alcanzar.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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