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María José Pou

iPou 3.0

Problemas de memoria

Ninguno quiere nombrarlo expresamente ni dirigirse a él con un discurso subido de tono. Saben que si lo hacen, será utilizado en su contra. Ni Rajoy ni Sánchez quieren decir en público que su enemigo es Podemos y los chicos de Pablo Iglesias. De hacerlo, le darían importancia, le subirían el ego, ya bastante crecidito, y dejarían ver que les preocupa un recién llegado más de lo que sería conveniente.

Sin embargo, ambos miran de reojo al de la coleta mientras dicen en voz alta que el “enemigo” es el otro. Para el PP, el problema no es el PSOE aunque lo presente así. Salvo que el PSOE modere su discurso y le robe votos por su flanco izquierdo. Para el PSOE, el problema no es el PP sino una izquierda más fragmentada que nunca. Cuando se ven los datos de los últimos sondeos de intención de voto y se comprueba que el PP sigue siendo la fuerza más votada, se constata que el fracaso de estos años es para la izquierda, no para la derecha. Que los populares mantengan un electorado bastante compacto, incluso en la Comunidad Valenciana, evidencia que la indignación llega por la siniestra y solo en algunos casos, por el otro lado.

Sánchez lo tiene difícil para hacerse un hueco y alzar la voz en un contexto tan gritón como el que vivimos. Quizás el modo de lograrlo sea aquietarse y mostrar una socialdemocracia sensata que algunos echan de menos. Competir en radicalismo con su más devoto hijo sería un error de cálculo. Ese lugar ya lo han “okupado” otros. Su sitio está en la moderación. Así lo recogió ayer en Valencia Javier Fernández, presidente de Asturias, al referirse a “toda esa gente moderada que pide cambio pero no quiere que se rompan los equilibrios básicos”. Lo curioso es que la guerra electoral obliga tanto a populares como a socialistas a mantener la cara de perro con el oponente, a distinguirse de él y a evidenciar que el malo es el otro cuando en realidad ambos deberían ofrecer una imagen de unidad nacional en apoyo de la democracia tan costosamente lograda. La amenaza de un Syriza en España no es suficiente para mantener la defensa de los pactos logrados en los 70 como un éxito colectivo. Los mismos que critican Iglesias y sus adláteres. Incluso deberían unirse a los comunistas que, en su momento, fueron capaces de ceder con tal de lograr la convivencia en democracia y libertad. Deben reivindicar lo conseguido porque no solo fueron ellos, desde Fraga a Carrillo, a González y a la Pasionaria sino millones de españoles que necesitan una clase política dispuesta a decir que ni todo se hizo mal ni merecemos volver al extremismo hiriente y empobrecedor. No me refiero a un pacto electoral contra natura pero sí a una defensa común de la estabilidad sin inmovilismos pero también sin discursos desagradecidos con el pasado. Eso también es memoria histórica. Y Podemos parece tener demasiados olvidos.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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