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María José Pou

iPou 3.0

El adverbio

A veces basta una palabra para cambiar todo el sentido de lo que decimos o para que su interpretación sea distinta a la esperada. No me refiero tanto al lapsus de la ministra Ana Pastor como al cometido sin que caigamos en la cuenta de que lo es. La ministra olvidó un “no” en su frase “es incompatible estar en política y ser honrado”. Quiso decir lo contrario, o bien “no es incompatible” o bien “es incompatible estar en política y no ser honrado”. Su mente lo tenía claro pero su lengua se despistó. El problema añadido fue el momento de equivocarse. No podía ser más inoportuno que en plena Operación Taula. Aquello fue un lapsus linguae en sentido estricto. Sin quererlo, salió la frase al revés y la viralidad del vídeo hizo el resto. Frente a eso, sin embargo, hay otras meteduras de pata que reflejan lo que hay en el subconsciente del personaje. A la ministra no se le escapó sino que se equivocó. En cambio, la frase que Rajoy dijo ayer sobre la corrupción tiene otra lectura. El presidente en funciones afirmó: “Esto se acabó y aquí ya no se pasa por ninguna”. Quiso, con ello, mostrar la contundencia necesaria en un partido que vive días de profunda zozobra a cuenta de la investigación sobre tramas, corruptelas y “devoluciones en caliente” de dinero entregado “a cuenta”. Para eso dio un puñetazo verbal con un “ya no se pasa por ninguna”. Sin embargo, lo que intenta tranquilizar resulta altamente inquietante. La culpa es del adverbio “ya”. Sin duda, es imprescindible que la lucha contra la corrupción sea tajante y seguramente quiso significarlo de ese modo. Pero la utilización de un “ya” a estas alturas no puede ser más que un error de cálculo. El PP no puede poner el punto y aparte ahora. Tendría que haberlo hecho hace mucho tiempo y, si no ha sido así –como parece-, es torpe si lo proclama con ese tipo de recurso. Ante su afirmación cabe hacer una pregunta, o dos: ¿ya no? ¿y por qué antes sí?

Su expresión me recordó la actitud de un padre al que vi hace unos días reñir con la misma contundencia a su hijo. El chaval estaba jugando con una pelota en una terraza junto a unos amigos. De pronto, la pelota pasó rozando la cabeza de unas personas sentadas en un bar. Conscientes de haberse librado de un considerable balonazo se volvieron hacia la mesa en la que estaba el padre. Éste se vio obligado a pronunciarse y solo acertó a decir: “como vuelvas a hacer eso, te quito la pelota”. Me alegré de no estar allí. Era la crónica de un balonazo anunciado. Casi les estropea el aperitivo a los incautos de la mesa contigua, pero el padre aún dio margen al niño para repetir la “hazaña”. Lo que tocaba era quitarle el balón inmediatamente y no dar lugar a un percance de mal resultado para todos. Pero no. Hizo como Rajoy. Cuando el niño hubiera roto la nariz a alguien, saldría a decir: “ya no te paso ni una”.

Temas

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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