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María José Pou

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Los vetos

Andan quejándose los socialistas de los vetos que ha establecido Podemos para pactar con ellos, sobre todo, el que se refiere a Ciudadanos. No lo lamentan por los principios, aunque hagan gala de ello, sino porque les estropea sus cuentas y así no hay quien llegue a La Moncloa. Mientras tanto, lo disfrazan de disgusto democrático diciendo aquello de que “el PSOE no va a admitir exclusiones ni tampoco negociaciones en exclusividad” o algo mucho mejor: “La gente ha visto cómo se pasa de la política que da la espalda a la política que da la mano”. Lo dicen quienes en más de una docena de ocasiones han respondido que no a Rajoy. Será una forma pintoresca de no dar la espalda sino la mano… con el brazo flexionado. Cuando afirman no admitir exclusiones olvidan al PP o sencillamente lo ubican en otra categoría. El cordón sanitario que vive el partido más votado no es una exclusión, al parecer, sino una medida profiláctica que previene las infecciones en el cuerpo político.

Bien es cierto que dar la espalda ha sido una actitud demasiado presente en la vida parlamentaria pero posiblemente otra reacción por parte de los populares no hubiera cambiado la actual de Sánchez. Llegados al punto en el que están, desesperadamente ansiosos por gobernar, las manos tendidas desde el PP serían ahora interpretadas como gestos maquiavélicos.

La vara de medir de Sánchez es muy distinta cuando mira hacia la izquierda o cuando lo hace a la derecha. En el primer caso, tiene en cuenta a unos líderes que, a su juicio, representan eso que llaman “la España de progreso”. En el otro, a un señor denostado con el que ni siquiera se sienta a hablar, seguramente porque no podría salir de la conversación achacando su “no” decidido de antemano a las condiciones exigidas. Visto lo visto, el PP estaría dispuesto a casi todo, eso que no hizo durante la legislatura para sacar adelante algún proyecto en común. Estaba tan seguro de obtener de nuevo una victoria suficiente que no calculó lo que requeriría la nueva situación. En cualquier caso, Sánchez sabe que tiene que taparse los oídos y hacer como los niños que canturrean para no oír lo que alguien se empeña en decirles. Lo curioso es que en Podemos ve a “la izquierda” y con ella, a buena parte del electorado español y en cambio en el PP no ve a la derecha y con ella a mucho más electorado. Criticar ahora los vetos porque ignoran a muchos españoles es probar su medicina. Como quitarse la corbata y quedar mal en la fiesta de los Goya. España perdona a Iglesias su informalidad selectiva. A Sánchez parece que no. Es el primer gol que le mete su futuro aliado. Por querer parecer más progre que el Amado Líder, quedó descortés mientras éste le otorgaba más dignidad a los cómicos que a la España que se agrupa en torno al jefe del Estado. Una forma como otra cualquiera de vetarlo y excluirlo.

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Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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