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María José Pou

iPou 3.0

Medidas de ahorro

Acabo de darme cuenta de que si el gobierno no me presenta como ejemplo de sus medidas de ahorro es solo porque no me conoce. Medidas, lo que se dice medidas tengo un rato. No las que me encumbrarían en Cibeles, es cierto, pero tenerlas, las tengo. XXL para ser exactos.

De todos modos no me refiero a eso sino a estoy a punto de alcanzar los objetivos del milenio gubernamental en cuando ahorro energético, ahorro calórico y ahorro de todo tipo.

No ha sido fácil pero desde que sé que ZP quiere que ahorremos he conseguido incluso aguantar más la respiración. «¡Hay que ahorrar oxígeno!», me he dicho. Y a punto he estado de fenecer en dos ocasiones pero orgullosa de mantener las reservas mundiales de aire respirable.

También ahorro en saludos, no vayamos a malgastar los pocos que pueden quedar. De ese modo, cuando me cruzo con alguien lanzo un simple gruñido, no muy distinto a los que solía, todo hay que decirlo, pero en esta ocasión no es solo con los indeseables que encuentro en el camino sino con todos. Incluidos los amigos. Ellos me perdonarán. Al fin y al cabo el saludo solo gasta energías tontamente.

No digamos el resto de interacción con el mundo. Por ejemplo, ¿escuchar a los políticos diciendo tontadas? ¡Ni hablar! Eso gasta muchísimo: gasta luz de la radio o la televisión que nos lo muestran; gasta calorías del enfado que cogemos y del microondas para hacerlos la tila con la que tranquilizarnos y por fin -inexplicablemente- gasta muchísimo dinero.

Hay que ver lo que nos cuesta que la clase política salga a decir sandeces. ¡Y sin embargo nadie sugiere cambiar en eso las bombillas actuales por unas de bajo consumo! No me refiero a que los focos de los mítines sean LED sino a que se apaguen. Simplemente. Sin más.

Por mi parte, ya he empezado. Llevo troncomóvil, gasto antorchas de brea en casa y cazo bisontes para la cena. Con lanzas. Que nadie me acuse de gastar en armas, por Dios.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.