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María José Pou

iPou 3.0

Fe en el Valencia

Nos guste o no a los creyentes, la afición al fútbol se asemeja a un compromiso religioso. Para muchos, lo único sagrado de los domingos es seguir a su equipo. Por él son capaces de dar la vida, el patrimonio y hasta la honra. Los jugadores son sus héroes, algunos hasta los idolatran, y acaban por reverenciar cada Copa ganada como si fuera el Santo Grial. Ésa es la realidad y no tiene nada de malo excepto que se lleve a un extremo fanático. Como todas las creencias.

Por eso no debería extrañarnos que se produjera, como ha sucedido con la polémica campaña de abonos del Valencia C.F., una asimilación en los comportamientos de ambas realidades. Entiendo que haya católicos ofendidos pero no encuentro en los vídeos ningún elemento de ofensa gratuita. No se ve intención de reírse de lo religioso. Es verdad que el vídeo de la Eucaristía resulta más molesto en tanto en cuanto sustituye el cáliz por la Copa pero yo creo que el problema es la escenografía, más que el sentido.

No es la primera vez que una campaña apela a la necesidad de creer en el equipo pero una cosa es que el club pida confianza a una afición descreída en un bar y otra recrearlo como si de un sacramento se tratara. Personalmente me parece simpático que la penitencia que le impongan al pecador que ha perdido la fe en el equipo sea cuatro «a por ellos» y cinco «ale, Valencia, ale». Y es así porque diferencio planos, el real y el alegórico, lo que se ve y lo que quiere decir. En el anuncio no se pretende sustituir la fe ni la gracia por la afición y los éxitos deportivos. Solo pretende mostrar la necesidad de confiar en el Valencia con fe ciega y compromiso fiel.

Y no nos engañemos, los católicos deberíamos alegrarnos de que esas referencias sacramentales aún digan algo a una sociedad que cada vez los desconoce más. No de cualquier forma, sin duda, pero en ésta no parece que haya burla, solo demasiada veracidad.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.