Contra Zapatero, vivíamos mejor. Al menos, en Valencia, a juzgar por los comentarios de algunos pesos pesados del PP. La alcaldesa Barberá; el vicealcalde Grau, o el presidente del PP provincial, Rus, han levantado un poco la voz para reclamar a Madrid algunos mimos.
No es que se hayan erigido en reyezuelos de taifas; ni siquiera se han hecho notar con fuerza. Ha sido más bien un cierto susurro entre dientes para pedir atención a Rajoy. Como niños olvidados en un antiguo orfanato, ya ni siquiera esperamos un cariñito sincero, sino algo de caso por quienes un día se interesaron por nosotros. “Sobre todo cuando esos eran de nuestra sangre”, deben de estar pensando los dirigentes populares.
De esos es de los que menos se puede fiar uno. No digo del PP, sino de los propios. Al menos, si el desdén procedía de Zapatero, era ciertamente jugoso. Tenía sentido y venía con un pan electoral bajo el brazo, o sea, podía sacársele rentabilidad política. Nada mejor que un enemigo común para unir a las huestes en la batalla. Si no obteníamos recursos, al menos ayudaba a algunos a ganar elecciones.
Lo malo es que ahora ni siquiera hay entusiasmo contra una Fernández de la Vega que tan bien venía, “afincada” en estos lares, o contra el propio Rodríguez Zapatero que parecía cumplir una orden de alejamiento respecto a la Comunidad Valenciana.
Ahora la reclamación es “justa y necesaria”, como dice Rus, pero triste, aunque se trate de la dársena, del Cabanyal o de la asfixia financiera. Ahora solo nos queda enfrentarnos al “fatum” que tan mal nos trata.
Por eso, quizás, la voz apenas se alza; no hay estruendo de “barones”, sino que se usa bajita, casi al oído, para no recibir el látigo de Cospedal o para no ser borrado de la foto de familia.
Rajoy no puede convertirse en enemigo de la Comunitat aunque deje de hacernos ojitos, como en su día hizo, aquí mismo, tras ser apuntalado en el partido a pesar de su fracaso electoral. Vivimos tiempos de desmemoria, ha venido a decir Rus. Es lo que tiene la política, que sus dirigentes tienen el “síndrome de Dori”, una memoria de pez.