¿A nadie se le ocurrió que podía ser Cameron quien quisiera flirtear con Obama, durante el funeral de Mandela? ¿O con la primera ministra danesa? No. Si hay dos hombres y una mujer, es ella la que quiere flirtear con alguno de ellos. El machismo rampante se proclama a toda página en la prensa británica que califica a Helle Thorning-Schmidt, la máxima dirigente de Dinamarca, de “rubia ligona”. Desconozco si hubo un intento de acercamiento “impropio” entre ella y Obama pero lo que parece totalmente fuera de lugar es que Michelle se sitúe entre los dos como si fuera una madre regañando a dos hijos díscolos para que dejen de hacer el tonto. Si sentía celos, que no ha quedado demostrado, no era el momento de expresarlo. Es verdad que tampoco parece apropiado jugar a hacerse fotos en un funeral pero resulta humano querer tener un recuerdo de Obama y Cameron. Hoy en día fotografiar no es frívolo en un político; es un modo de mostrar a los ciudadanos que su primera ministra se codea con lo más granado del poder internacional. Es campaña.
Sin embargo, la prensa británica no censura la frivolidad de su primer ministro y del gobernante estadounidense sino los celos de una señora y la ligereza de cascos de la otra. Un retraso de 150 años, por lo menos. Algunos en la pérfida Albión no han avanzado nada desde los tiempos de Jane Austen. Las críticas a Helle y a Michelle son una versión actualizada de Orgullo y Prejuicio. La mujer, para estos, sigue teniendo una personalidad tan limitada como el modelo histérico de Freud. Puro sentimentalismo y preocupaciones mundanas. Somos incapaces de gobernar, de tratar de igual a igual a un hombre en el mismo cargo o de representar lo más serio de un país. Nuestra presencia pública sigue siendo fiscalizada por comadres sedientas de cotilleo aunque lleven corbata y barba poblada. Pues yo estoy con Helle y sus fotos con Obama, su rubio natural y su sonrisa picantona. Y también con Michelle y su cara de funeral en un ídem y sus maniobras de desmotivación para evitar otro “Lewinsky” en un mandato demócrata en la Casa Blanca.
FOTO: El Correo