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María José Pou

iPou 3.0

Mercadeo institucional

Otro ejemplo más de mediocridad política. En esta ocasión, en la renovación de la Sindicatura de Greuges. De nuevo prevalece el reparto de poder, de cuotas y de sillones antes que el bien común. Y ya van muchos. Entiendo que la exigencia de un puesto para el propio partido puede interpretarse como el intento por hacer presente la voz de un grupo de ciudadanos que de otro modo no lo estaría. Ese es el argumento que suelen esgrimir quienes se enzarzan en repartos de tartas cada vez que se renuevan mandatos en las instituciones. Sin embargo, resulta difícil aceptar que lo hacen porque miran por nuestro bien y no por el suyo. El caso de Cholbi es el último pero, desgraciadamente, no el único. Como el suyo, y relacionado con él, sigue el mercadeo por el CJC y el CVC.

Lo que de verdad fastidia es que toda esa guerra deje al margen la idoneidad de la persona para el puesto, la calidad de su gestión hasta la fecha o la oportunidad de situar a alguien válido en ese lugar. Poco importa si Cholbi lo ha hecho bien o no. El pulso es el pulso y hay que mantenerlo hasta doblegar al otro.

Si fueran más inteligentes y menos dogmáticos, situarían en una institución que recibe las quejas ciudadanas a una persona de ideas contrarias, presentada por un partido opuesto al que gobierna. Sería el mejor ejemplo de independencia. Yo lo haría con una de las personas propuestas, a la que conozco personalmente y cuya forma de pensar está en las antípodas de la mía. Eso no quita para que nos llevemos divinamente y podamos estar debatiendo durante horas sin alterarnos. Es una persona bien formada, ecuánime y con criterio. Es decir, lo que se necesita para ser un buen Sindic de Greuges. No comparto sus ideas pero sí su buen hacer. Es lo que pido de un Sindic.

Ellos, no. Son incapaces de apoyar a un candidato de “los otros”. Ni siquiera cuando es bueno, lo que demuestra que el interés de partido está por encima del interés común. Así sucede que no salimos de la espiral de mediocridad que nos rodea. Necesitamos buenos políticos. Y no los hay. Por eso se pelean por los puestos de poder. Porque no miran más allá de su sillón.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.